Proyecto

ARCHIVO MAESTRO PRIETO

Plataforma Digital

Proyecto institucional financiado por el MPPE 

 

 

  • Origen: Biblioteca Nacional, Libros Raros, Archivo LBPF
  • Anaquel: 1
  • Tramo: 1
  • Caja: 4
  • Carpeta: 47
  • Autor: Luis Beltrán Prieto Figueroa
  • Lugar: Mèrida
  • Año: 1947
  • Síntesis: Como el mismo Prieto lo indica de manera expresa, dos veces a lo largo de su discurso, tras haber asistido a casi todas las convenciones nacionales del magisterio, asiste a ésta, en Mérida, no sólo en su calidad de maestro federado, sino, además, como Ministro de Educación; rango y cargo que, asegura, no le otorgan mayor entidad, pero sí mucha más responsabilidad. En tal sentido, este discurso debe leerse como la identificación de su proyecto educacional con el proyecto político de la Revolución de Octubre. Dicho en sus propia palabras, tras una breve reseña de la lucha de los maestros desde 1932: ”La revolución venezolana fue antes pensamiento en la conciencia de los maestros, ideas y programas en sus Convenciones anuales.” Y, más adelante, cierra así la propuesta dialéctica en torno a la cual gira toda su alocución: “Los hombres de la Revolución estamos cumpliendo un programa educacional que se ha discutido en las Convenciones del Magisterio.” Si para Prieto, como es sabido, la educación es la base fundamental de un auténtico proyecto nacional, he aquí al educador y al político haciendo uso magistral del lenguaje como herramienta para la conciencia histórica.

Desde este cuenco acogedor de la montaña andina, donde se encuentran hermanados los maestros venidos desde todos los ámbitos de  la República, saludo con profunda  emoción  a los educadores  de mi Patria, compañeros  en el esfuerzo  por forjar una cultura, cruzados  en la  lucha  por una Venezuela mejor,  por la obra común de sus hijos  y por  la solidaridad  de todas las regiones.

Saludo al noble pueblo merideño, que, entre los riscos de sus sierras enhiestas, con espíritu geométrico levanta en piedra sus cercanos y con paciencia secular, bajo los ventisqueros, frente a la montaña, se da en el esfuerzo infatigable, demostrando que aquí también Venezuela se expresa en permanente angustia de ser y crecer.

Saludo a este pueblo heroico que, confundido ahora con sus maestros y profesores, encontrará renovada oportunidad  para hacerse  participe  en el trabajo  conjunto  y  en la satisfacción  de crear  un destino  mejor  para Venezuela,  como  lo quieren  los asistentes  a esta Duodécima Convención Nacional  del Magisterio.

Propicio es el lugar  para  el trabajo creador armonioso. Todo invita a la meditación: el cielo apacible, la brisa que despeina las montañas transportando frescos de neblinas, el velado relente que vela el sol sobre las cumbres, el añejo sabor de pueblo  que  se  arrebuja  en la historia, el contemplativo  espíritu  de las gentes. Aquí podrán los maestros entregarse a la ardua tarea de renovar  el pensamiento  y de planificar la  acción  que  el futuro venezolano les  está solicitando. Aquí podremos  todos compulsar  experiencias, revisar doctrinas y conductas, orientar un programa  más amplio  que  contemple la perspectiva  total  y las posibilidades  concretas  de realización que esta  etapa,  cargada de preocupaciones, ofrece al magisterio nacional.

Quisieron los maestros, reunidos en la isla de Margarita el año pasado, fijar como sede de la XII Convención esta ciudad de Mérida. Desde  el mar  a la sierra, desde  las tierras pobres o desde  las regiones ubérrimas, desde  todos  los confines  de la República, quisieron  venir  los  maestros  en cívica romería, tramontando  los páramos, bebiendo  el paisaje de las alturas, ascendiendo  siempre, como  en el símil  de sus vidas, para  así  tener  un panorama  total de Venezuela y hacer  tangible  realidad  el anhelo  visionario  de Bolívar, peregrino  de selvas, de llanos,  y de cumbres, soñador  de una Patria  unificada, que fuese  al mismo tiempo  punto de partida  de la unificación americana, cuyas  bases  elaboró  para el congreso anfictiónico de Panamá.

Maestros: desde  la cumbre  se ve mejor el llano; pero  que  la emoción  de la altura  no  os desvanezca  la perspectiva  de los problemas  cotidianos, que  el mal  de los páramos  no produzca mareo en vuestras conciencias, ni  os haga olvidar que, más allá  del horizonte  que  se percibe,  tras la línea  de los montes,  se acunan  muchos  pueblos  y hay  muchos  hombres, mujeres y niños que confían  en sus maestros  y esperan  de sus  deliberaciones  palabras  de aliento y  de fe para continuar  la pequeña  tarea, sin  estímulos, sin perspectivas y, acaso, con el dolor de sentirse ignorados o incomprendidos. Desde la cumbre  se divisa  mejor  el gran  paisaje: Venezuela  una  e integral, con  sus  sierras  escarpadas que el desmonte  y la quema  tornan  impropia para la siembra productiva,  con sus tierras feraces, buenas  para el  esfuerzo  y la  esperanza, con sus selvas  enmarañadas  que están esperando el aliento de la civilización;  con sus llanos  cálidos  de la vida  afiebrada,  del horizonte ilimitado, en los  que  el recuerdo  de la  hazaña  pone  bridas  al esfuerzo  de hoy;  con  su costas trepidantes  del vocerío  clamoroso  que el grito  de creación  en las velas  que pasan  y en las  anclas que  caen (…) Desde aquí Venezuela se mira mejor, cuando se tiene verdadera conciencia  de maestro, esclarecida en el pensamiento de forjar una Patria y cuando, como  en el caso  del magisterio  venezolano, ella  se hizo  alta y plena en el dolor de un pueblo al cual  estamos enseñando a ser libre y a hacer el mejor  uso  de sus libertades.

La XII Convención Nacional del Magisterio es un nuevo jalón de trabajo para la FEDERACIÓN VENEZOLANA DE MAESTROS. Aquí, como en otras convenciones, ha de crecer el pensamiento unificador y estimulante. De aquí ha de salir la plataforma futura de esta gran organización del magisterio y han de enaltecerse aún más la magnífica tarea de quince años de luchas, que ha hecho comprender y resaltar la valía y misión de los maestros cuando están orientados y cuando persiguen propósitos de transformación nacional.

Doce Convenciones nacionales y un gran número de Convenciones regionales cumplidas desde  el año de 1936, están  diciendo  a los  incrédulos, a los que  desconfían  del magisterio, a  los  que  piensan  que  sólo  en la comodidad  y en el trabajo  regalado puede crearse, lo que  el  magisterio  significa  para el pueblo y lo que  la Federación Venezolana  de Maestros  ha hecho por la unidad de Venezuela. De  aquí  tornarán  los  maestros  a sus  regiones, con el conocimiento  de un panorama  nuevo  y de problemas  nuevos,  y ya  en el aula, este conocimiento  directo  se traducirá  en una  más  segura  afirmación  de la nacionalidad venezolana  y en  más  hondo arraigo  de las virtualidades  de esta Patria nuestra, que  es dolor  y es esfuerzo, pero  que,  por  sobre todo,  ha  de  ser  entrañable  en la obra  que  se  da  todos  los días  y  en el minuto  fugaz  en que  entregamos  lo mejor  de nuestra  espiritualidad.

Esta Convención, a sus  ya  grandes méritos  de jornada nacional  del magisterio, ofrece magnífica oportunidad  para que los maestros  venezolanos, en intima  comunión  con un destacado  grupo  de maestros  americanos  y españoles  aquí  presentes,  laboren  por la  integración  cultural de nuestros pueblos y por  el sólido  arraigo  de una cultura   con  entraña  y acento  nuestros,  con acento  y vivencia  americanos, para incorporar, definitivamente, al acervo ya grande  de la cultura indo-española,  los  nuevos  valores  que  surgen  de la meditación  que  sugiere la selva  y que  emergen  del panorama  inquietante  de “los hombres sin tierras y de la tierras sin hombres.”

Ha  querido  este grupo  de maestros chilenos, argentinos y bolivianos, americanos  en la integra  acepción  de la palabra, estar  con nosotros  en una responsable labor de americanismo,  que se  expresa  en la  voluntad continental de ser  unos en la totalidad del esfuerzo  y múltiples  en el arraigo a una tierra  propia  con sentimientos  y problemas propios. Este grupo de maestros de la ancha ambición americanista, está aquí con el aporte de sus ciencias y de sus experiencias en la actitud de dar y con el anhelo de recibir, en maravilloso intercambio de emociones y pensamientos en que se integra la vida de nuestras colectividades. Hermanados en el esfuerzo, hermanados en las grandes luchas, hermanos en la ambición generosa, son también hermanados en la hora de crear y forjar para este pueblo nuestro y para todos los pueblos del continente un destino mejor.

Aquí, en la patria tradicional de la generosidad, los maestros venezolanos abren sus brazos para dar acogida a los compañeros de las otras latitudes, en el deseo de que esta tierra sea la suya también y de que aquí, como en la propia  casa, encuentren bueno el pan, bueno el lecho y bueno y generosos el afecto que les ofrecemos, porque es nuestro y siendo nuestro, es de ellos también. Parafraseando en la prosa los versos de nuestro gran poeta Andrés Eloy Blanco: “que vengan aquí todos los sedientos del mundo y los que tengan hambre de pan y de justicia, que la novia de Juan Bimba tiene un río entre las manos, tiene las manos de pan”. Les daremos de lo que nos falta y tomaremos de lo que les sobra para que, teniendo menos, seamos más ricos y para que tengamos mejor clima para la creación y el esfuerzo.

He asistido a la casi totalidad de la Convenciones realizadas por el magisterio venezolano. Entonces, en mi simple condición de maestro federado para colaborar en el planeamiento de la acción y contribuir con mis compañeros de trabajo a estructurar la plataforma de lucha de nuestra organización y el programa de reivindicaciones a que tienen derecho los maestros de mi Patria.

Desde 1936, el pensamiento de los maestros ha vibrado en la emoción de saberse gestores de un movimiento de transformación nacional, de sentirse promotores y ductores de una acción revolucionaria que es ahora cuando encuentran oportunidad de expresarse por medio de una política de transformación educacional, que es, al mismo tiempo, política de transformación nacional.

Comienza la revolución educacional venezolana el 15 de Enero de 1932, cuando, por primera vez, los maestros integraron un grupo combativo de pensamiento propio frente a la incuria y el abandono en que se encontraba nuestro pueblo, del cual nos sentimos porta-estandartes y expresión rebelde con la palabra que sólo podía decirse a medias. Se hace grito en esa realización magnifica de la primera Convención Nacional del Magisterio, reunida en Caracas en Agosto de 1936, y se jalona de esfuerzos, se condensa en programa ideológico, se unifica en conciencia común, superándose más reciamente en cada una de las Convenciones posteriores. El pensamiento  de los maestros trasciende al pueblo, caldea los espíritus, rompe la indiferencia  y tiene un  amanecer magnifico  el 18 de Octubre de 1945, cuando  empieza  a realizarse la obra  de transformación democrática que estamos viviendo, que,como dije ya en la inauguración  de la Escuela de Vacaciones, es una profunda acción pedagógica  en la que Gobierno, la escuela, y el maestro  se colocan en un puesto de vanguardia para hacer posible la existencia  de la democracia  como régimen político de convivencia humana y como  expresión  de los anhelos populares vaciados en  el cauce  de   una corriente  impetuosa  que  arrastró  privilegios y está fertilizando  esta conciencia  nueva,  que  en  la hora suprema  de Venezuela cuaja las espigas  para  la cosecha  de nuestro futuro.

La revolución venezolana fue antes pensamiento en la conciencia de los maestros, ideas y programas en sus Convenciones anuales. Por eso,  en todas las reuniones  que  se han  realizado  a lo largo  y  a lo ancho  de Venezuela veníamos pidiendo  mejor asistencia  para los niños venezolanos;  escuelas  a voleo por sobre los cerros, en el llano,  en la costa; atención social  para el maestro; dotación  adecuada para  nuestros establecimientos  educacionales, y sobre todo, una escuela orientada a la  satisfacción  de las necesidades nacionales  y a la creación  de una  conciencia  democrática y de profundo  sentido humanamente nacionalista. Todo esto se está haciendo a pesar de los que gritan y quieren entorpecer el camino ascendente que recorre ahora el pueblo venezolano. Todo esto se está haciendo, no obstante que tiran hacia atrás los que disfrutan de privilegios, los que se enriquecieron en el dominio de la cosa pública, los que no creen en la democracia como sistema de nivelación social y como forma de selección de los mejores para el aprovechamiento de sus cualidades y aptitudes en la obra común que cumple el pueblo como forjador de su propio destino.

Por ello, la responsabilidad de los maestros, que fue antes del hacer intrascendente, se ha convertido hoy en responsabilidad de dirección y construcción, porque se están poniendo en práctica sus propias ideas, porque están cumpliendo sus planes de realización, porque se está gestando el movimiento  de transformación nacional con que soñaron. Ahora es su propia obra la que le sale al paso y les grita desde todos los caminos, en la voz trémula de los niños que asisten a los comedores escolares, en el vagido de las criaturas que nacen y crecen en las casas cunas diseminadas en todo el país, en las puertas abiertas de las escuelas que reciben a los niños en campos y ciudades, en la recia voz de los obreros que han dejado de ser analfabetos y asisten a los centros y universidades de cultura popular. En la palabra de esperanza de los jóvenes que llenan nuestras escuelas normales y ennoblecen el trabajo en nuestros establecimientos de educación secundaria y superior. Es la propia obra de los maestros que, múltiple y en camino, está estremeciendo las conciencias, no ya que no encontró respuesta, del pensamiento austero que no tuvo eco, sino en la obra realizada por el Gobierno Revolucionario que recogió en su programa ese grito, esa palabra, ese pensamiento.

Como lo querían los maestros, el Gobierno revolucionario viene cumpliendo en el país una profunda transformación democrática. Revolución ideológica y revolución por el hacer transformador que renueve aquella economía  tradicional, que permitía, mientras  el pueblo se  moría  de hambre, que  unos pocos vivieran en la abundancia; cultivo intensivo de la tierra, para  que  ésta sea fecunda  en las manos del hombre, y  cultivo del barbecho inhóspito bajo  el trepidar de la máquina que está renovando los sistemas de explotación  agraria  y llevando  hasta  el campo las sugestiones de una nueva técnica para la producción al servicio  de todos.  Pueblos y ciudades están sabiendo ahora de los beneficios que ignoraron siempre, del maestro y del médico, del dispensario y de la escuela; sanidad para los cuerpos y los espíritus, en medio de colectividades olvidadas que no encontraban la ruta de su destino. Habremos de seguir por muchos años careciendo de algunas cosas fundamentales, porque la improvisación o el nervioso apresuramiento no son siempre los mejores caminos para alcanzar lo que se quiere. Transformar una economía desarticulada y semi-colonial, organizar la cultura en función de economía planificada, disponer los espíritus para la obra de creación y para aceptar con beneplácito el cambio en las actitudes secularmente aceptadas, todo eso, no es obra de un día. Por ello, corresponde a los maestros la tarea más delicada: la obra de la Revolución está en sus manos; es su propia obra, deben ponerla a caminar, estimularla, empujarla cuando se detenga, orientarla cuando pierda el camino; esa es su misión. De ahora en adelante la escuela habrá de convertirse, como lo pidieron la Primera y Segunda Convenciones Nacionales, en una agencia viva de la colectividad, para el estímulo del pueblo, para la orientación de un maestro, que sabe lo que quiere y que quiere lo que el pueblo desea para alcanzar el bienestar a que tiene derecho.

Los hombres de la Revolución estamos cumpliendo un programa educacional que se ha discutido en las Convenciones del magisterio. Para demostrarlo no tendríamos más que recurrir a algunos hechos y a algunas cifras que dan la medida aproximada de este esfuerzo y, más que todo, señalan la orientación y el rumbo de lo que se quiere hacer.

La Asamblea Nacional Constituyente, inspirándose en los postulados aprobados  por el magisterio  el año  pasado  en la Convención  Nacional  de Margarita,  llevó  a la Constitución  que ahora nos rige los principios de la escuela nacional, racionalmente estructurada, democrática y al servicio del pueblo todo, que señala como obligación fundamental  del Estado la  de impartir la cultura, suministrándola a todos  en la medida  de sus apetencias y de sus aptitudes y orientada a servir  a la Nación, formando  a los hombres capaces  de producir, de aprovechar nuestras riquezas, de dirigir a nuestro pueblo democráticamente. El nuevo Estado Venezolano ha comprendido que es más noble servir al pueblo y sacrificarse por él que ser su verdugo y esclavizarlo; que es más grande y generoso esperarlo todo del pueblo, educándolo para las grandes responsabilidades, que sacrificarlo en aras de ambiciones bastardas, abandonándolo en la incultura.

De los principios de nuestra Constitución, que es sin lugar a dudas, ---y debemos decirlo con jactancioso orgullo venezolano---, la primera Constitución verdaderamente democrática de América, debe partir de ahora en adelante todo el esfuerzo que se realice en la educación nacional. Así lo quieren los maestros y así lo está cumpliendo el Gobierno revolucionario. No  otra cosa expresa el presupuesto fijado al Ministerio de Educación para el año económico  que corre, montante  a la cifra  de 89 millones trescientos treinta y nueve mil setecientos nueve bolívares, que junto  con más 57 millones  de bolívares destinados por la Nación y por los Estados para edificaciones  escolares, con más  de 18 millones que  figura  en los presupuestos de otros ministerios de obras de educación, agregamos más de 50 millones  de  bolívares que invertirán el Distrito Federal  y los Estados  de la Unión Venezolana para educación popular, son  un aporte  magnifico de más  de 200 millones  de bolívares,  que obliga  a los maestros a una tarea  de creación, nunca  puesta  en sus manos  en toda  la historia  patria, porque  el maestro  fue  siempre  un ser en quien los gobiernos tuvieron profunda desconfianza. Se le consideró como peligroso porque hacía conciencia y porque sembraba luz. Por  ello se explica que,  no ya  en el gobierno de Gómez, sino en aquellos  que les siguieron hasta la Revolución de Octubre, jamás alguna vez la educación entro en los planes políticos  de nuestros gobiernos, porque no interesaba la cultura del pueblo, que es baluarte  y sostén  de la democracia, porque  nunca nuestros gobernantes  traspasaron  el umbral  de la palabra para adentrase  en el hondo significado  que la democracia  entraña como sistema  de gobierno del pueblo y para el pueblo.

Nuestra Constitución consagra ahora el derecho del pueblo letrado o iletrado con edad mayor de 18 años a darse su propio gobierno, y es ésta la primera lección que ha dado la revolución a los que negaron al pueblo. Pero la lección esta inconclusa; la escuela y los maestros deben completarla. Los maestros tienen en sus manos la tarea de conducir a ese pueblo, de impedir que se desoriente, de esclarecer su conciencia. Que no suceda que la ignorancia lo lleve a desesperarse cuando no vea cumplidas con extrema prontitud las aspiraciones por las cuales lucha. o cuando no vea desaparecer con rapidez los males que le aquejan.

El Gobierno Revolucionario y la Constitución han creado el derecho. Pero el ejercicio de todo derecho implica una responsabilidad y el magisterio adquiere una que nosotros queremos reclamarle, en la confianza de que sabrá ponerse a la altura de la misión que se le confía, y ella es la de crear la conciencia democrática, la de fortalecer el espíritu del pueblo, la de enseñarlo a defenderse y a luchar por las conquistas que para él está forjando la revolución.  Inmensa es la tarea encomendada, pero es grande también la decisión que el magisterio tiene para afrontarla. Si  como  compensación  a esta  grandiosa empresa  de cultura  no  fuera  suficiente la satisfacción  de sentirse útil y de saberse  realizador de una tarea  de futuro, tiene además el magisterio nacional estímulo adecuado  en el tratamiento y en la consideración  que los hombres  que  ahora dirigen  los destinos  de la República están dando  a los trabajadores  de la enseñanza, consideración  y tratamiento  que se  traduce  en el mejoramiento  de la escala  de sueldo, en el respecto a la libre  manera  de pensar  de cada  cual,  en la elevación  de su  nivel  cultural, que  es ya  dignificar y enaltecer  la función  que realizan  los maestros  y profesores.

Por eso la formación del magisterio merece especial atención del Gobierno Revolucionario. En dos años el Presupuesto para las Escuelas Normales ha crecido en forma que no admite comparación con ninguna etapa de la historia venezolana. Ese  Presupuesto  que fue  en 1945-1946 de un millón cincuenta y cinco mil setecientos cincuenta bolívares,  se eleva  en el Presupuesto de 1946-1947, a dos millones setenta y tres mil ochocientos  noventa y cinco bolívares  y en el Presupuesto  de 1947-1948, alcanza  a una  suma  global  de tres millones  trescientos veintiún mil setecientos veinticuatro bolívares, sin incluir los fondos destinados  a la edificaciones  de la Escuela Normal de Rubio y a las reparaciones  de la Escuela  Rural  de El Mácaro y a la dotación  de los Internados  de cinco Escuelas Normales más, ni lo asignado  al Instituto Pedagógico  Nacional y para cursos  de maestros  no titulares, que sobrepasan  el millón y medio de bolívares. En dos años la formación del magisterio ha obtenido un aumento de más del cuatrocientos por ciento.

Dentro de poco, como tuve oportunidad de anunciar en la Escuela de Vacaciones, comenzará a funcionar el Instituto de Perfeccionamiento del Magisterio, cuyo edificio se construye rápidamente en las proximidades del Instituto Pedagógico Nacional.  Se trata de una realización largamente esperada por los maestros, pedida desde la Primera Convención Nacional en 1936, sin que hubiese sido satisfecha esa aspiración. Allí concurrirán obligatoriamente todos los maestros de la República que carezcan de título para adquirir el suyo, equiparándose así a los graduados de las normales, con renta igual y tratamiento igual. El miércoles de esta misma semana la Gaceta Oficial publicó la resolución en que se acuerda, como estímulo a los maestros que siguen cursos regulares de perfeccionamiento un aumento de sueldo 50 bolívares mensuales por cada año de estudio que aprueben hasta nivelarse con los graduados. Se estudia actualmente la organización de la Caja Nacional de Empleados Públicos y para ello fueron contratados dos técnicos especializados que   ingleses elaboran el proyecto. En esa Ley tendrán cabida las reivindicaciones y asistencia social del magisterio, que hasta ahora el Gobierno Revolucionario ha venido cumpliendo en forma regular y con largueza, pero sin una norma científica que regule los beneficios acordados.

Y  estudiamos  igualmente  un escalafón racional  para  el personal  docente  de todas las ramas  de la enseñanza, ya que asegurando  a cada  cual  el puesto que le corresponde  y fijando para todos emolumentos acordes  con la labor  rendida  y  en el cual, al  mismo  tiempo, se haga la defensa  de la higiene mental y del tesoro cultural  que significa cada maestro y cada profesor, con el fin de devolver  a la profesión el decoro y la dignidad de que  debe estar  revestida,  impidiendo  que  muchos,  sin  atender a su propia  salud y a la calidad del rendimiento  que  se les  exige,  dejen  de lado  los valores morales  de la profesión para dedicarse a obtener  elevadas rentas.

No escapará al magisterio los inconvenientes de abordar una reforma en la cual se colocan por encima de intereses individuales los intereses morales de la profesión, por sobre las perecederas de la educación.

Pretendemos hacer una reforma de la educación venezolana desde el kindergarten a la Universidad, interpretando el pensamiento expresado en las conclusiones de la segunda Convención Nacional del Magisterio y poniendo a tono la reforma con las conclusiones de la Tercera y las posteriores Convenciones. Queremos que la escuela venezolana deje de ser agencia intelectualista que desorienta la conciencia del pueblo productor para entregar en manos de la colectividad una escuela más humana y más realista, afincada sus raíces en la tierra venezolana, regionalizada e interesada en la resolución de los problemas que confronta la colectividad. Es la escuela que llamamos “escuela del hacer provecho”. Anhelamos transformar el Liceo clásico en una Institución donde el adolescente, antes que aprovisionamiento de informaciones excesivas, adquiera instrumentos para la formación de su espíritu y para la incorporación a la vida social eficiente.  Por ello, habremos de remozar la arquitectura clásica de nuestra educación secundaria que olvida, a veces, el objetivo fundamental que es el alumno y los ideales de una colectividad en marcha. Requerimos para esta transformación un tipo de profesor y nuestro centro máximo de formación docente que es el Instituto Pedagógico Nacional deberá contribuir a formar ese tipo humano educador.

Múltiples son los problemas, múltiples también las soluciones; pero todas han de estar orientadas dentro del espíritu  que guía el movimiento democrático revolucionario que vive la Nación. Para toda resolución educacional deberá consultar siempre la orientación que imprimen los maestros a sus deliberaciones. Estamos haciendo grandes e importantes cosas, pero ellas carecerán de valor si el magisterio no aporta la fervorosa dedicación y el entrañable afecto que están ya en las consignas que ha sembrado la Federación Venezolana de Maestros.

Maestros: Compañeros en el esfuerzo por una Patria mejor: dije ya que he asistido a la casi totalidad de las Convenciones del magisterio en mí simple calidad de maestro federado. Hoy, además de este título, traigo otro de no mayor entidad, pero sí de responsabilidad mayor. Concurro, además, como Ministro de Educación Nacional y no ya en la petulante actitud de los que desde arriba y por encima de los hombros al magisterio nacional, sino con mi fervorosa devoción de compañero a pedir a los maestros que se coloquen a la altura de sus responsabilidades.  Que no desperdicien este momento histórico, que se pongan a la obra con devoción y con fe, que laboren siempre con entrañable amor a Venezuela. Vengo a pedirles nuevas ideas, renovados planeamientos, más pujantes ideales, porque quiero ser realizador de lo que mis compañeros sienten y quieren, como miembro de un Gobierno que por primera vez en la Historia de Venezuela ha hecho de la educación un instrumento de transformación social y ha elevado al maestro a la categoría de esclarecido servidor de la colectividad.

Tengo la certeza, porque conozco al magisterio venezolano, de que este pedimento no caerá en el vacío. Antes Gobierno alguno de mi país vino a buscar la inspiración para sus tareas en el pensamiento organizado colectivamente de sus educadores. Nuestros Gobiernos anteriores, demasiado petulantes y de mentalidad autocrática, no creían en los educadores. Auto-suficientes, desoyeron la voz de los maestros, abandonaron al pueblo y fueron a buscar inspiración en la sórdida conciencia de los aduladores. Se inicia una etapa. Estamos en la hora de crear, y, a nombre de un Gobierno nuevo, con mentalidad nueva, con una cosecha nueva de preocupaciones, saludo a los abnegados maestros de mi patria, mis compañeros de lucha y de trabajo, y ahora como ayer quiero dejarles la palabra empeñada de que cualesquiera que sean las tareas que me corresponda realizar estaré a su lado para estimularlos y para defenderlos.  

Mérida, 9 de agosto de 1947

Luis Beltrán Prieto Figueroa<br />El Estado Docente
Luis Beltrán Prieto Figueroa
El Estado Docente

Nuestra educación, por imperativos sociales debe ser progresiva, entendido el término en el sentido de una educación para la formación del hombre integral en su postura de miembro de una comunidad, del ciudadano libre y responsable con el desarrollo económico social, capaz de influir en una mejor y más grande producción, no para aprovechamiento de unos pocos sino para mayor beneficio social. La formación del productor hábil y del consumidor previsivo es objeto de la educación en los pueblos sobre el camino del desarrollo. En esa forma la educación sirve a los fines del mejoramiento individual y social. 

Iconografía histórica
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Luis Beltrán Prieto Figueroa
En el Litoral Central
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Luis Beltrán Prieto Figueroa
En una clase magistral
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Sin descripción
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Y Cacilia de Prieto
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Luis Beltrán Prieto Figueroa
En una asamblea realizada en la CTV (frontal)
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Sin descripción

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De una educación de castas a una educación de masas

En trabajo anterior hicimos referencia a los artículos que en la Constitución Cubana y en la Constitución Venezolana establecen lo que se ha dado en llamar la “escuela unificada”, que no es otra cosa que la organización, armoniosa del sistema educativo, a fin de que sus ciclos y secciones se adapten al desenvolvimiento y necesidades de los educandos y a las exigencias y características de la Nación1. No obstante, este concepto técnico está cargado además de contenido social y político, que le viene de las luchas sostenidas en Europa para borrar las diferencias clasistas con que estuvo signada toda la educación en aquel continente. En efecto, allí se consideró la división de la educación en primaria, secundaria y superior, y dentro de estas divisiones varias clases de escuelas como expresión de cerrados conceptos clasistas, que fijaban una limitada educación primaria para la clase popular, educación media o secundaria  para la clase media y educación superior o universitaria para las clases llamadas altas de la sociedad. Los tres sistemas de educación, con finalidades diferentes y a veces contrapuestas, acentuaban el aislamiento que mantuvo alejadas a las clases sociales en lucha permanente: los de abajo por romper el cerco y los de arriba por estrecharlo aún más, para ensanchar o mantener sus privilegios. A este respecto el Comité Fleming, en informe elevado sobre “Public School” en Inglaterra afirmaba que: “Es imposible sostener el cargo hecho frecuentemente de que la “Public School” haya creado las diferencias sociales del siglo XIX.

La Escuela Nueva en Venezuela

La Escuela Nueva en Venezuela es libro escrito por la vanguardia pedagógica del siglo XX venezolano; es obra, todavía hoy, de innegable actualidad tanto para la reflexión como para la acción educativa que las transformaciones económicas, sociales, políticas y éticas le plantean hoy a la escuela y, no menos, a la comunidad nacional. Lo decimos de una vez: la pedagogía de la Escuela Nueva, sus principios generales, su humanismo y experiencia probada, armonizan con los cambios revolucionarios que hoy tenemos por delante. No obstante lo anterior, parece increíble que esta segunda edición del libro La Escuela Nueva en Venezuela, obra conjunta de Luis Beltrán Prieto Figueroa y de Luis Padrino, su más aventajado discípulo y colaborador de entonces, haya tenido que esperar más de seis décadas y media desde su primera edición en 1940. Ya esta simple constatación nos debería hacer meditar acerca dela valoración que entre nosotros, docentes o no, ha tenido y tiene la pedagogía en tanto teoría de la educación o de la práctica educativa que se propone la explicación de los qué y los para qué tanto en su vertiente filosófica que nos remite a la finalidad de la educación,como en su vertiente empírica que se aboca a los problemas prácticos del aprendizaje. En parte, ese desconocimiento de nuestra reflexión acerca de los problemas pedagógicos tiene su origen en un hecho característico en sociedades como ésta, donde ha prevalecido una cultura de élites desarraigadas de nuestros graves asuntos como colectivo, uno de ellos, la educación de las mayorías.

Educación, Pueblo y Ciudadanía

Educación, pueblo y ciudadanía, en su tercera edición, forma parte de la extensa obra escrita por Guillermo Luque. Este libro, en particular, representa y retrata el difícil camino de la educación venezolana en el período histórico que abarca desde fines del siglo xix hasta la primera mitad del siglo xx. Ese tiempo es expresión del vapuleado siglo xix venezolano, caracterizado por la inexistencia de paz social. Este estado de zozobra impactaría en todas las formas de relacionamiento social, incluyendo la escuela y a maestros y maestras y a escolares de todas las edades. Escudriñando en los archivos nacionales sobre el tema, encontramos de manera recurrente documentos sobre el cierre de las actividades académicas, que al cruzarlas con acontecimientos militares, revoluciones, montoneras, asonadas, etc., permiten su interpretación y explicación y ayuda a completar el rompecabezas social y político sobre el cual está la educación. Esa inestabilidad política que estremecerá al país durante más de un siglo, incluyendo la aparente paz gomecista, repercutirá necesaria e insoslayablemente en la educación como caja de resonancia, porque la educación forma parte de la estructura social y política.

Revista Pedagógica

La Revista Pedagógica fue creada como medio de divulgación de los agremiados en la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria (SVMIP) constituida un 15 de enero de 1932. Los más activos impulsores de la Revista Pedagógica fueron los maestros Luis Beltrán Prieto Figueroa, Miguel Suniaga, Alirio Arreaza, Luis Padrino, José Rafael Mena, Víctor Orozco, y las maestras Mireya Vanegas, Flor González, Elsa Acosta, Mercedes Fermín, miembros activos de la SVMIP.

El Maestro Poeta

Suponer que el Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa adquirió su condición de poeta en el momento que dio a conocer su obra primera titulada Mural de mi ciudad (1975), cuando había alcanzado los setenta y tres años de vida es una equivocación. Es suponer que en él, de pronto, se expresó una sensibilidad hasta entonces desconocida. No es así. En Prieto Figueroa hallamos a lo largo de su existencia una muy afirmada y fina sensibilidad por una cuestión tan...

Revista POLÍTICA

Creada por el Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, la revista POLÍTICA ratifica su condición de humanista preocupado por las ideas, por los problemas nacionales, como de aquellos propios de la América del Sur. Desde esta tribuna, Prieto Figueroa se afirma como un curioso y preocupado observador, no en condición de diletante, sino como hombre de acción política, que se propone conocer para actuar sobre las realidades que se discutieron en sus páginas.