MINISTERIO DE EDUCACIÓN PÚBLICA
MISIÓN DE' ASSTENC1A TÉCNICA DE LA UNESCO
REPÚBLICA DE COSTA RICA
Si yo fuera dueño del mundo sembraría libros por toda la tierra, como se siembra trigo en los surcos. (Horacio Mann)
Después del advenimiento de la República en España, y siguiendo el impulso inicial, el primer pensamiento fue auspiciar una mayor difusión de la cultura, ya que los dirigentes penetrados de la tradicional ignorancia del pueblo español, creyeron conveniente hacer disfrutar a las masas de los bienes espirituales a los cuales una egoísta valoración había considerado hasta entonces como patrimonio de grupos privilegiados; y haciendo uso de todos los medios de difusión: radio, gramófono, cine, periódico, libro, con romántico anhelo comprensivo, echaron a andar por todos los caminos de la Península, las Misiones Pedagógicas, para llevar ilustración a los espíritus de rústicos campesinos, que los recibían abierta la boca y espantados los ojos como heraldos de una buena nueva salvadora. Y fue regalo de la vista y del oído de labriegos el tesoro acumulado del arte y de la ciencia españoles y universales, y supieron de músicas distintas a la que entona el viento escurriéndose entre el ramaje umbroso y rimando el vaivén de los trigales. Pero pasaban las legiones civilizadoras, dejando como señales de su paso un sudoso recuerdo, y en la casa consistorial una provisión de libros, de buenos libros, con una amable recomendación para la gente rústica: Leedlos! ... Avivado el espíritu por aquel goce primero, regalo de la vista y del oído, muchos labriegos buscaron en los libros de la casa consistorial nuevos placeres, otros tal vez aprendieron a leer para saborear los tesoros escondidos en aquellos presentes de la buena gente que un día llego al pueblo portadora de la buena nueva y se fue con la amable promesa del retorno. Aquellos románticos andariegos culturales, sembrando en cada pueblo un puñado de libros, echaron la más sólida base para la educación del pueblo español, Porque el libro, tesoro de pensamiento, es también una amable invitación a pensar, ya que el libro no vale tanto por lo que contiene como por lo que sugiere. Un libro es también fuente de sugestiones.
Desde entonces, desde aquellas campañas culturales primerizas, mas de tres mil bibliotecas ha creado en España el Consejo de Misiones Pedagógicas, y anualmente, como una partida siempre creciente, el presupuesto de Instrucción Pública asigna más de un millón de pesetas a la compra de libros. Y ahora, prolongando esa romántica aspiración cultural, aupada por el gran espíritu de Manuel Bartolomé Cossío, desgraciadamente muerto a fines del año antepasado, el Comité de Relaciones Culturales ha votado una fuerte suma para la creación de veinte bibliotecas en los países de la América Latina. Después de la conquista de la espada, que hizo esclavos y esquilmó nuestras fuentes de riqueza, después la conquista del libro, que es noble y bella, porque es conquista para la libertad, ya que el libro, liberando las energías intelectuales, enseña a los hombres a ser libres por el pensamiento y para la acción.
El libro, las bibliotecas: he ahí necesidades cuya satisfacción imperiosa demanda nuestra época. Poro no libros sin contenido trascendente, malos libros; sino estos otros, plenos de pensamiento hondo, carga de energía, capaz de movilizar las voluntades adormecidas y de urglr algo grande y noble, buenos libros. "Dad a un hombre, decía Herschel, la afición a la lectura y los medios de satisfacerla y haréis a ese hombre feliz, a no ser que pongáis en sus manos una detestable elección de,libros". El libro es el más poderoso vehículo de educación, y mucho más en pueblos como los nuestros, porque él salva distancias y regala sus tesoros a cientos y a millares de personas, en distintos lugares y en épocas diferentes; porque él es el único maestro que posee el don de la ubicuidad. Se necesitan bibliotecas abiertas para que vaya el pueblo a saborear en ellas las delicias de la cultura, pero no bibliotecas adustas de ambiente soporoso, donde el enfriamiento de los tomos viejos y empolvados tiene aspecto de algo estático, sino más bien bibliotecas vivientes donde el libro viaje, donde el libro vaya a buscar al lector, cuando éste, tardo para comprender, o perezoso para buscarlo se quede en casa y no lo solicite.
Las bibliotecas deben ser organismos vivientes al servicio de la cultura, no museos donde todo permanece estático, sino más bien hervideros de ideas. La vida de una biblioteca se manifiesta por sus órganos de difusión, por las iniciativas que promueva en pro de la cultura: por los informes dados al pueblo del contenido y significado de los libros, bien en las notas bibliográficas o en el análisis explicativo. El local de una biblioteca debe ser salón de conferencias y exposiciones relacionadas con el libro y como algunas modernas bibliotecas deben poseer un aparato de proyección y una oficina trasmisora de radio.
Hace algún tiempo, el, periódico "Patria" de Mérida, en nota editorial se quejaba de que las bibliotecas estaban solas porque a ellas no concurren los lectores. Esto pasa no solamente en Mérida sino en otras muchas poblaciones, donde por casualidad hay biblioteca, se nota en Caracas misma, lo que obedece a que las bibliotecas son organismos muertos, sin propaganda de ningún género. El libro, quizás mas que los artículos de comercio, necesita propaganda. Al pueblo, que no tiene costumbre de leer, debe hacérsele saber para qué sirven los libros y cual es su contenido.- Es necesario primero despertarle el apetito intelectual, enseñarle el camino de la biblioteca y a que sepa gustar las delicias que produce el libro; y entonces veremos que el obrero, en lugar de asistir a la taberna a emborracharle por falta de distracción, se dirigirá a la biblioteca, en busca de algo que !e transporte a una vida de realizaciones prometedoras. La biblioteca y el libro, con una propaganda bien dirigida, servirán entonces como objetivos de derivación.
Cada pueblo de más de doscientas personas, necesita una biblioteca, pero entiéndase bien, lo repetimos, que nosotros llamamos biblioteca a un organismo vivo, no un hacinamiento de libros que se apolillan en los estantes. El libro se hizo para ser leído, y la biblioteca debe solicitar los lectores para sus libros, porque de lo contrario carece de significación cultural. Si el lector no viene a la biblioteca, que la biblioteca baya hacia él. En pueblos donde la lectura no es un hábito, donde no se tiene el concepto del verdadero valor del libro, es necesario multiplicar las bibliotecas. Bibliotecas circulantes, y, mejor todavía, las bibiliotecas rodantes. Un carro biblioteca, cargado de libros, que cada semana pasa por los poblados dejando su rico cargamento y retomando aquellos tomos leídos,desempeña un papel mas significativo que un hacinamiento de millares de tomos que no se movilizan y que nadie lee. Los camiones-biblioteca son Portavoces de la cultura. En algunos países, esto es una forma de hacer circular el libro entre las poblaciones rurales. Al paso del carro. todos los vecinos van a tomar los libros que desean y a devolver los ejemplares leídos, y el libro, pasa de mano en mano, dando a todos su provisión de conocimientos, propulsando el deseo y alimentando la imaginación. Los niños saltan alrededor del carro, como hambrientos de golosinas, buscando sus colecciones de estampas o los cuentos maravillosos que Kipling o Perraud escribieron pensando solo en ellos. ¡Qué bello programa de educación para una escuela rural No es necesario que una biblioteca contenga muchos libros, bastan unos pocos con tal que éstos sean buenos, que estén bien distribuidos y clasificados y que pueda satisfacer los anhelos de la población. El doctor Luis López de Mesa, en su Estatuto de la Aldea Colombiana, maravilloso, esquema constructivo de cultura integral, pone al servicio de corregimientos y de aldeas, a más de cinematógrafo, fonógrafo, radios, bandas, un modelo de biblioteca aldeana con unas cien obras célebres de la intelectualidad colombiana, con otros tantos de autores extranjeros con cartillas de,información técnica elemental y un buen diccionario manual enciclopédico. Para comenzar no se necesita más y estoy seguro de que bibliotecas en esas condiciones pueden crearse en todos los puebles con un poco de buena voluntad de los vecinos, con una pequeña ayuda de las municipalidades y del Estado y con la mejor intención de los escritores y editores nacionales, quienes deberán hacer obsequios a esas bibliotecas y concederles descuentos especiales.
Pero no basta crear las bibliotecas, es necesario al mismo tiempo hacer los lectores; para ello cada organismo necesita los servicios de un comité de información y difusión encargado de hacer conocer las excelencias de los libros y de indicar la importancia de la lectura. Este Comité sería el encangado de despertar el gusto por la lectura que, o no existe, o se ha perdido. En esta incitación a la lectura, jugarán grandísimo e importante papel la escuela y el maestro, pero esto mismo precisa una costumbre de leer, porque, como decíamos en cierta oportunidad, no se concibe un maestro que no lea y, sin embargo, los hay, pues si el mismo maestro no siente afición a los libros, nunca llegará a infundir ésta a sus discípulos.
En la escuela debe nacer el gusto por la lectura, por lo cual se hace indispensable crear en ellas las bibliotecas escolares con libros a propósito para los niños y que éstos paulatinamente podrán ir trayendo como obsequio o solicitando de las personas que desean obsequiarlos. La formación de la biblioteca escolar con un maestro inteligente y preocupado, no cueste^gran cosa. Los padres y los mismos niños contribuirán a formarlas. La escuela tiene la obligación de preparar a los niños para comprender y amar los libros haciendo un uso inteligente de ellos, pues el abuso de los textos mata el gusto por la lectura.
El texto, con el sistema informativo qüe impera en nuestras escuelas cansa y fastidia, tanto más si se considera que muchos de esos textos no están adaptados ni a nuestro ambiente ni a la mentalidad de nuestros niños. El texto aleja al ñiño de la Naturaleza que es la mejor fuente de conocimientos e impide la observación directa de los fenómenos naturales fomentando una cultura libresca de repetición fonográfica; pero entiéndase que nos queremos referir al texto mal usado, porque éste no debe ser en manos del niño sino una fuente de información, y no la única fuente. En la escuela y sobre todo en los grados superiores, y en el colegio, el texto único es fatal porque hace repetidores, y lo que es peor, aleja al muchacho de los otros libros y de la biblioteca porque aburre al alumno y crea en éste un santo horror a los libros. Es ésta quizá una de las causas que en nuestro concepto determina esa indiferencia por la lectura. Para el que ha estudiado por ese pésimo sistema, todos los libros son textos que sirven para pasar exámenes y en la vida el examen se pasa sin los textos. Al niño hay que darle lo que apetece su inteligencia, de acuerdo con su tipo.
Hay que fomentar el amor al libro desde la escuela; es necesario llevar el libro a todas partes; es indispensable crear bibliotecas para todos los gustos y para todas las necesidades; pero bibliotecas vivas, porque, como dice un educador: ”No dar al libro toda la circulación que sea posible; aprisionarle entre las paredes de un museo donde se inmoviliza para siempre; no rendirle el culto a que tiene derecho por su carácter augusto de revelador de conocimientos y conductor de civilizaciones, es profanar el más grande de nuestros tesoros intelectuales y cometer un grave delito contra la Patria y contra la humanidad toda.”(Gehain).
Una biblioteca deberá estar abierta siempre, en días de labor, en días feriados, de manera especial los días feriados, desde temprano del día hasta muy entrada la noche, para que todos los públicos pueden disponer sus horas de lectura. Las bibliotecas no deben disfrutar de vacaciones, porque ésto equivaldría a declarar una tregua de la cultura, lo que es inadmisible; los servicios de las bibliotecas deben ser continuos.
Luis B. Prieto F.

















