Proyecto

ARCHIVO MAESTRO PRIETO

Plataforma Digital

Proyecto institucional financiado por el MPPE 

 

 

  • Origen: Biblioteca Nacional, Libros Raros, Archivo LBPF
  • Anaquel: 1
  • Tramo: 1
  • Caja: 1
  • Carpeta: 15
  • Autor: Luis Beltrán Prieto
  • Lugar: Caracas
  • Año: 1937
  • Síntesis: Tesis de Luis Beltrán Prieto Figueroa, centrada en la infancia como dimensión determninante del ser histórico de las sociedades humanas: ”los problemas sociales, políticos y hasta económicos de los pueblos, cuando tienen una solución intrínseca, se resuelven en el niño”. Mientras en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica el movimiento protector de la infancia adquiere cada vez más fuerza e importancia, en Venezuela se evidencia un total descuido y desinterés por tan importente tema: "nosotros vivimos al margen de la civilización en otro siglo". Sólo las mujeres y maestros claman justicia ante tal indiferencia. El niño abandonado no puede dejarse a suerte y la caridad. Se precisa de una política de protección a la infancia abandonada por parte del Estado. En tal sentido, se propone que la Casa-hogar -y no el tradicional e inhóspito asilo- sea uno de los ejes opertativos fundamentales en torno a los cuales implementar dicha política.

MINISTERIO DE EDUCACIÓN PÚBLICA

MISIÓN DE ASISTENCIA TÉCNICA DE LA UNESCO

REPÚBLICA DE COSTA RICA

Por Luis B. Prieto F.

(Caracas)

Ellen Key llamó a este siglo ”el siglo de los niños”, porque una nueva conciencia colectiva se abre paso para la jus­ticia, asignando un puesto de preferencia a la infancia. Pero mirando en mi contorno pienso, que acaso se equivocó Ellen Key, o que nosotros aún vivimos rezagados en otro siglo. Acaso esta­mos todavía en un remanso de la Edad.Media. Hay tanto niño hambriento y desarropado, tanto infeliz abandonado y como un alfile­ razo se clavan en mis ojos el sufrimiento de la infancia: aquí uno que alarga la mano suplicante, allá otro que grita con voz débil de hambriento su mercancía callejera o sus quintos de lo­tería, más lejos uno macilento que exprime en el quicio de una casa cualquiera el pecho exhausto de la madre que no habrá de alimentarlo, porque la miseria secó esa fuente de vida, y por todas partes, la escuela con su régimen carcelario, frena las Iniciativas, detiene el progreso del espíritu e impide la acti­vidad espontánea de la infancia. La escuela es el martirio su­premo. ¡Pobres niños!, víctimas de la injusticia colectiva y de la indiferencia de los hombres, incapaces de comprender la trascendencia social que tiene la protección de la infancia des­ valida.

Se discute con tono doctoral árduas cuestiones de compli­cada solución, ignorando que ”los problemas sociales, políticos y hasta económicos de los pueblos, cuando tienen una solución intrínseca, se resuelven en el niño”. El niño, futuro de huma­nidad, es hoy el punto de mira de toda sociedad organizada y todos los países con un hondo sentido de responsabilidad pre­paran para ese elegido el sitial donde habrán de colocarlo pa­ra que viva su vida, satisfaga sin zozobras sus necesidades y se forme hombre útil para el cumplimiento de la misión que habrá de reservarle la existencia.

En Europa, desde hace tiempo comenzó la campaña de protec­ción de los desvalidos, pero es después de la guerra cuando esa protección toma un sentido de juridicidad efectiva, de respon­sabilidad solidaria, porque el combate devolvió a la vida su significado humano y se quiso alcanzar por él niño la concordia y la nivelación de los hombres, suprimiendo todo motivo de cho­que entre ellos, fomentando desde el tranquilo remanso de la infancia un nuevo espíritu de paz. Se pensó en el niño para hacerlo huir de la barbarie dándole cuanto la justicia aconseja, a fin de que no crezca odiando a la sociedad que le maltrata y le condena a la miseria, mientras hay holganza y comodidades para los favorecidos de la suerte. La Guerra Europea humanizó a los hombres y Eklantine Jebb, en la ”Unión Internacional de Socorros a los Niños” agrupa a todas las personas interesadas en la salvación de la infancia, sin distinción de razas, len­guas, ni religión, condensando en un breve código los derechos del niño, código que después hace suyo la Sociedad de las Na­ciones en 1924. Esa carta de los derechos del niño ha sido ampliada y mejorada en congresos y reuniones científicas inter­nacionales, pero conservándole siempre su espíritu protector y humanitario.

En América el movimiento protector de la infancia asurme gran importancia, y en los Estados Unidos toma proporcio­nes gigantescas, a tal punto que puede considerarse a ese país, tan vilipendiado por su mercantilismo, como el campeón de la asistencia de los débiles y desvalidos, contrasentido quizás de esa compleja alma del pueblo del americano del Norte. En la America del Sur se han alcanzado grandes progresos; ya casi todos los países han reformado y adaptado su legislación para dar cabida a la protección de la infanéia en forma científica, creando los establecimientos necesarios para prestar esa pro­tección eficientemente. Solo Venezuela ha permanecido al mar­gen de todo progreso en ése y en cualquier otro sentido, y nuestros niños sin auxilio sufren los rigores de su inferiori­dad biológica y social; víctimas de la injusticia, por cualquier tontería son reducidos a prisión en las ergástulas putrefactas de nuestras cárceles, donde se Corrompen, viniendo a constituir un peligro para la tranquilidad social. Mirando todo esto pienso que quizás se equivocó Ellen Key o que nosotros vivimos al margen de la civilización en otro siglo.

Pero he aquí que un grito desesperado de amor y com­prensión quiere rasgar la indiferencia criminal de nuestro pue­blo, y son las mujeres y los maestros quienes en tono clamoroso piden justicia Social para los niños. Ya desde la Primera Con­vención Nacional del Magisterio Venezolano, los maestros soli­dariamente unidos juraron la defensa del niño y en el bello de­cálogo de los derechos del niño consagraron los que son postu­lados impretermitibles para que los pobres hijos de la miseria y del abandono reciban de la sociedad el auxilio a que tienen derecho. Las madres unidas a los maestros pidieron también pa­ra sus hijos, y maestros y madres habrán de ser oídos porque cuando ellos piden en hombre de la infancia habla el porvenir de la raza, habla la patria que está representada por los niños.

Niños bien atendidos y protegidos por una legislación humanitaria y en establecimientos adecuados, nos entregarán una patria grande y fuerte, digna de figurar en el concierto de las naciones como país civilizado. Sólo entonces podremos ex­clamar con los maestros franceses: ”Ha sonado la hora de los niños”.

En la Tabla de esta Segunda Convención figura como tema el tratamiento de los menores abandonados, dolorosa llaga que nos inquieta y que los maestros deseamos ver curada a la mayor brevedad. La asistencia del desvalido es una obligación social y a ls cual estamos ligados todos; pero esta asistencia ha de prestarse de manera que no constituya un ultraje para quien la recibe, ni redunde en perjuicio de la colectividad.

Varias formas existen de protección:, una, de sentido viejo y prestada a manera de limosna y de lo cual son ejem­plo desolador los asilos; otra, que responde al concepto mo­derno de la solidaridad social, al sentido de responsabilidad colectiva frente a las desgracias humanas y a la obligación en que estamos todos de disminuir sus efectos destructores, es decir, en la forma de asistencia social.

Los asilos, con su caritativa misión que hacinan a los niños muy uniformados para corear con v$z triste el rosa­ rio que un coro de monjas, ajenas a la vida, entonan varias veces al día, son institutos que han perdido su significación; su organización no responde a las necesidades del niño, que precisa un ambiente más variado y más cónsono con su psicolo­gía, más de acuerdo con el movimiento de la Ópoca, porque se­gún el decir de Luisa Joerissen; ttLos establecimientos del an­tiguo tipo no son recomendables., pues su educación en masa y su inevitable alejamiento del mundo, dificultan enormemente a los jóvenes su adaptación a la vida normal del trabajo.

Los asilos, en la forma en que nosotros los conocemos, perpetúan el concepto de la limosna y de la caridad del que da por amor a Dios, Pero la dádiva así rebaja la condición del que la recibe,, es humillante y exalta la personalidad del que la da.

Lo que el niño abandonadp necesita no es caridad, be­neficencia, sino .justicia, asistencia social; que lo que re­ciba no sea una limosna sino el ejercicio de un derecho suyo y el cumplimiento de un deber de la sociedad para con él. La asistencia social es un derecho del niño yvésta se impone al Estado como un deber de cooperación. “El hombre tiene el deber de impedir que el progreso se estacione por las necesidades que agobian a los individuos, por lo cual se impone la remoción de todo obstáculo o rémora social”. La beneficencia no puede llenar a cabalidad las necesidades del niño abandonado, por­ que siendo graciable y caritativo pudiera negarse ya por es­crúpulos religiosos, ya por cortedad en la dadiva; no así la asistencia social; que por ser un derecho puede reclamarlo to­do aquél que tiene facultades para hacerlo y el Estado, la So­ciedad, están obligados a cumplir con su deber.

La asistencia social a los huérfanos y desvalidos ha de prestarse no en asilos de tipo congregado, de régimen uni­forme como los existentes en Venezuela, sino en casas-hogares con capacidad máxima para veinte niños, atendidos por un matri­monio, que comprenda con instinto maternal las necesidades de amor y de confianza que tiene la infancia. Si el huérfano y el desvalido carecen de hogar, proporcionémosle uno, amable confortable, donde el amor de madre que les falta y la convi­ vencia con otros niños alegres y satisfechos, les inviten a la cooperación y al esfuerzo constructivo y les devuelvan la serenidad de su vida torturada por la miseria.

Hoy, la experiencia demuestra que la influencia educativa del hogar no es posible sustituirla, y cuando éste falta es ne­cesario crearlo, siquiera sea artificialmente.

Las casas-hogares han sustituido en casi todos los países a los asilos de tipo congregado y si bien es verdad que ésas casas-hogares son más costosas, la calidad del servicio que prestan Justifica ese mayor gasto, pues en estos establecimientos se ha­ce posible la individualización ,de la asistencia, ya que si el educador sabe proporclonar a los niños la libertad requerida para que expresen su manera de ser^ podrán conocerse sus aptitudes susceptibles de ser aprovechadas útilmente, en beneficio del niño y de la sociedad. Cada cual podrá ser tratado allí de acuerdo con su -tipo, según su estado de vida, la vigilancia, los premios y castigos podrán aplicarse racionalmente y el niño no sentirá sobre sí el peso de la Injusticia ni el abandono desoladpr en que lo dejan la fría Igualdad regulada de los establecimientos de tipo congregado, donde toda Iniciativa languidece y donde todo esfuerzo individual diferenclador es ahogado por la férrea dis­ciplina carcelaria y monótona, igualitaria de los asilos.

Como algunos podrían creer que las casas-hogares son tipos de escuelas, es necesario desvanecer tal concepto. La casa-ho­gar es antes que todo un hogar atrayente, con dormitorios indi­viduales amplios y adecuados, bien.ventilados e higiénicos, do­tados con parques de juego y deportes, con talleres apropiados y campos de cultiva y todo lo indispensable para hacer la vida amable, dentro de una variedad y limpieza humildes. Los direc­tores del hogar, de preferencia un matrimonio, son los guías de la pequeña colectividad, como en una familia organizada y con hábitos educativos cumplen su misión de padres aconsejando y di­rigiendo la actividad desbordante de loé niños, pero nunca im­pidiendo la expansión del espíritu infantil que quiere manifes­tarse por la acción libre y por el libre juego de sus facultades. En algunas casas-hogares, como la Casa del Niño de Buenos Aires, los pupilos asisten a la escuela más cercana para permitirles el contacto con los otros niños, para que se eduquen al calor de la comunidad y aprendan el respeto a sus semejantes y el deber de cooperación social. Las puertas del hogar están siempre abiertas

a todos, y los niños reciben las visitas de los amigos de la ca­sa-hogar y de los condiscípulos que van a jugar con ellos, efec­túan torneos deportivos, organizan fiestas sociales y excursiones educativas, todo bajo la sugestión del "padre" o "madre" que di­rige él hogar, pero realizado por la Iniciativa de los niños, que por el autogobierno aprenden haciendo, la trascendencia del tra­bajo y la colaboración. Cada niño da de sí lo que puede, de acuerdo con sus capacidades/ ayuda en la organización y limpieza del hogar, arregla por sus propias manos cuanto necesita, con tal de que sepa y pueda hacerlo, trabaja con alegría porque su acti­vidad encuentra cauce apropiado. El trabajo en colaboración en el hogar es el más poderoso medio de educación social, pues así se aprende a mas del orden, regularidad y laboriosidad, y se repara tanta injusticia, para cumplir un primordial deber de humanidad, de justicia social reparadora. Revalorar el individuo, atenderlo Como engranaje de la máquina social, es deber primor­dial de todo buen Gobierno y si el actual cumple con su promesa de protección y defensa de la infancia, laborará definitivamente por una Venezuela sana y fuerte.

La-asistencia del niño es esencialísima y no puede descuidarse sin gran peligro para la raza y para la potencialidad de la Na­ción. Como dice Goilán: “Una Nación organizada no puede tener preocupación más perentoria que la del espíritu infantil. Los medios de encaminarlos hacia el punto de solución pueden ser mu­chos, pero todos ellos han de partir de un solo estado de emo­ción colectiva; el amor al niño; el amor al niño por lo que es y por lo que puede llegar a ser. Aquel éxtasis no sólo hará hombres dignos de los niños buenos, sino que será freno y estí­mulo para nuestro propio espíritu ”.



CONCLUSIONES .

  1. Es pavoroso en Venezuela el cuadro de abandono que presenta nuestra infancia; por todas partes muestra su cara hosca la miseria. Las profesiones callejeras están corrompiendo a una gran cantidad de nuestros niños y consumiendo nuestras posibilidades, y mientras en todos los países del mundo se toman medidas para impedir esta destrucción y abandono de la infancia, nosotros permanecemos indiferentes ante el problema.

  2. Se hace indispensable prestar asistencia y protección a nues­tros niños, creando para ello las instituciones de carácter social para prestar esa asistencia. Pero ésta, debe prestarse no como limosna sino como imperioso deber social, porque elniño abandonado lo que necesita no es caridad sino asistencia social.

  3. El asilo ha de ser sustituido por las casas-hogares, que imi­tan el hogar y realizan la función educadora de éste. La protección del niño debe hacerse en instituciones lo más se­mejantes al ambiente donde normalmente se desarrollan'éstos. Si el hogar no existe o está desarreglado, es necesario crear­lo, siquiera sea artificialmente, fundando para huérfanos y menores abandonados las casas-hogares.

  4. La casa-hogar no es una escuela sino un instituto adecuado para que el niño viva su vida de niño en condiciones norma­les.

  5. Para que las casas-hogares puedan llenar a cabalidad su fun­ción formadora al espíritu del niño, debe tener una cantidad máxima de veinte pupilos, porque de lo contrario se desvirtúa su función y se hace imposible la individualización de la asistencia, complicándose notablemente la disciplina del es­tablecimiento.

  6. El trabajo realizado por los niños en las casas-hogares crea un recio espíritu de solidaridad, estimula la coo­peración y crea espiritualidades libres y emprendedoras, capaces de abrir por sí mismas caminos en la vida.

LBPF/nv

Luis Beltrán Prieto Figueroa<br />El Estado Docente
Luis Beltrán Prieto Figueroa
El Estado Docente

Nuestra educación, por imperativos sociales debe ser progresiva, entendido el término en el sentido de una educación para la formación del hombre integral en su postura de miembro de una comunidad, del ciudadano libre y responsable con el desarrollo económico social, capaz de influir en una mejor y más grande producción, no para aprovechamiento de unos pocos sino para mayor beneficio social. La formación del productor hábil y del consumidor previsivo es objeto de la educación en los pueblos sobre el camino del desarrollo. En esa forma la educación sirve a los fines del mejoramiento individual y social. 

Iconografía histórica
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Luis Beltrán Prieto Figueroa
En el Litoral Central
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Luis Beltrán Prieto Figueroa
En una clase magistral
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Sin descripción
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Y Cacilia de Prieto
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Luis Beltrán Prieto Figueroa
En una asamblea realizada en la CTV (frontal)
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Sin descripción

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De una educación de castas a una educación de masas

En trabajo anterior hicimos referencia a los artículos que en la Constitución Cubana y en la Constitución Venezolana establecen lo que se ha dado en llamar la “escuela unificada”, que no es otra cosa que la organización, armoniosa del sistema educativo, a fin de que sus ciclos y secciones se adapten al desenvolvimiento y necesidades de los educandos y a las exigencias y características de la Nación1. No obstante, este concepto técnico está cargado además de contenido social y político, que le viene de las luchas sostenidas en Europa para borrar las diferencias clasistas con que estuvo signada toda la educación en aquel continente. En efecto, allí se consideró la división de la educación en primaria, secundaria y superior, y dentro de estas divisiones varias clases de escuelas como expresión de cerrados conceptos clasistas, que fijaban una limitada educación primaria para la clase popular, educación media o secundaria  para la clase media y educación superior o universitaria para las clases llamadas altas de la sociedad. Los tres sistemas de educación, con finalidades diferentes y a veces contrapuestas, acentuaban el aislamiento que mantuvo alejadas a las clases sociales en lucha permanente: los de abajo por romper el cerco y los de arriba por estrecharlo aún más, para ensanchar o mantener sus privilegios. A este respecto el Comité Fleming, en informe elevado sobre “Public School” en Inglaterra afirmaba que: “Es imposible sostener el cargo hecho frecuentemente de que la “Public School” haya creado las diferencias sociales del siglo XIX.

La Escuela Nueva en Venezuela

La Escuela Nueva en Venezuela es libro escrito por la vanguardia pedagógica del siglo XX venezolano; es obra, todavía hoy, de innegable actualidad tanto para la reflexión como para la acción educativa que las transformaciones económicas, sociales, políticas y éticas le plantean hoy a la escuela y, no menos, a la comunidad nacional. Lo decimos de una vez: la pedagogía de la Escuela Nueva, sus principios generales, su humanismo y experiencia probada, armonizan con los cambios revolucionarios que hoy tenemos por delante. No obstante lo anterior, parece increíble que esta segunda edición del libro La Escuela Nueva en Venezuela, obra conjunta de Luis Beltrán Prieto Figueroa y de Luis Padrino, su más aventajado discípulo y colaborador de entonces, haya tenido que esperar más de seis décadas y media desde su primera edición en 1940. Ya esta simple constatación nos debería hacer meditar acerca dela valoración que entre nosotros, docentes o no, ha tenido y tiene la pedagogía en tanto teoría de la educación o de la práctica educativa que se propone la explicación de los qué y los para qué tanto en su vertiente filosófica que nos remite a la finalidad de la educación,como en su vertiente empírica que se aboca a los problemas prácticos del aprendizaje. En parte, ese desconocimiento de nuestra reflexión acerca de los problemas pedagógicos tiene su origen en un hecho característico en sociedades como ésta, donde ha prevalecido una cultura de élites desarraigadas de nuestros graves asuntos como colectivo, uno de ellos, la educación de las mayorías.

Educación, Pueblo y Ciudadanía

Educación, pueblo y ciudadanía, en su tercera edición, forma parte de la extensa obra escrita por Guillermo Luque. Este libro, en particular, representa y retrata el difícil camino de la educación venezolana en el período histórico que abarca desde fines del siglo xix hasta la primera mitad del siglo xx. Ese tiempo es expresión del vapuleado siglo xix venezolano, caracterizado por la inexistencia de paz social. Este estado de zozobra impactaría en todas las formas de relacionamiento social, incluyendo la escuela y a maestros y maestras y a escolares de todas las edades. Escudriñando en los archivos nacionales sobre el tema, encontramos de manera recurrente documentos sobre el cierre de las actividades académicas, que al cruzarlas con acontecimientos militares, revoluciones, montoneras, asonadas, etc., permiten su interpretación y explicación y ayuda a completar el rompecabezas social y político sobre el cual está la educación. Esa inestabilidad política que estremecerá al país durante más de un siglo, incluyendo la aparente paz gomecista, repercutirá necesaria e insoslayablemente en la educación como caja de resonancia, porque la educación forma parte de la estructura social y política.

Revista Pedagógica

La Revista Pedagógica fue creada como medio de divulgación de los agremiados en la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria (SVMIP) constituida un 15 de enero de 1932. Los más activos impulsores de la Revista Pedagógica fueron los maestros Luis Beltrán Prieto Figueroa, Miguel Suniaga, Alirio Arreaza, Luis Padrino, José Rafael Mena, Víctor Orozco, y las maestras Mireya Vanegas, Flor González, Elsa Acosta, Mercedes Fermín, miembros activos de la SVMIP.

El Maestro Poeta

Suponer que el Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa adquirió su condición de poeta en el momento que dio a conocer su obra primera titulada Mural de mi ciudad (1975), cuando había alcanzado los setenta y tres años de vida es una equivocación. Es suponer que en él, de pronto, se expresó una sensibilidad hasta entonces desconocida. No es así. En Prieto Figueroa hallamos a lo largo de su existencia una muy afirmada y fina sensibilidad por una cuestión tan...

Revista POLÍTICA

Creada por el Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, la revista POLÍTICA ratifica su condición de humanista preocupado por las ideas, por los problemas nacionales, como de aquellos propios de la América del Sur. Desde esta tribuna, Prieto Figueroa se afirma como un curioso y preocupado observador, no en condición de diletante, sino como hombre de acción política, que se propone conocer para actuar sobre las realidades que se discutieron en sus páginas.