MINISTERIO DE EDUCACIÓN PÚBLICA
MISIÓN DE ASISTENCIA TÉCNICA DE LA UNESCO
REPÚBLICA DE COSTA RICA
Luis Beltrán Prieto.
“El libro gobierna a los hombres y es el maestro del porvenir.” (R. Poincaré)
Nuestros niños no leen; nuestros estudiantes no saben nada más allá de lo qué dicen los “textos”, comentaba hace ya algún tiempo un profesor amigo, y cuando le preguntamos que creía él que podría hacerse para corregir ese defecto, para mejorar esa situación nos respondió: “Pues nada. No es posible hacer cosa alguna; el mal es inveterado e incurable, obedece a nuestra pereza racial, tiene su origen en el ambiente nuestro”. Es este un lugar común para justificar la incuria y el descuido de unos pocos y para seguir adormecidos, mientras los niños, que serán hombres mañana, sufren el abandono en que les dejan los que debieran velar por su formación intelectual y moral y que, sin embargo, no se preocupan de ello, inconscientes de sus deberes para con la humanidad.
Nuestros niños no leen. Es el estribillo, pero no se dan cuenta estos quejumbrosos de que falta el elemento capaz de despertar esa propensión. Los libros apropiados para los niños son escasos entre nosotros, por no decir que no existen, ya que nuestros escritores nunca se han acordado de los niños, a tal punto que en una encuesta que realiza la Oficina Internacional de Educación de Ginebra, y para la cual nos han encargado recolectar datos, no encontramos qué contestar respecto a la literatura infantil en Venezuela.
Los libros infantiles existentes en el país no son venezolanos y resultan sumamente caros, lejos del alcance del bolsillo delos pobres muchachos. El menesteroso que asiste a la escuela, roto el vestido y medio descalzo el pie, no puede comparar libros; y el niño de padres acomodados desconoce el valor de los libros, porque en la mayoría de los casos nadie se ha preocupado en decirle cuál es el contenido de esos volúmenes bellamente empastados en reluciente cuero, con ribetes dorados, cerrados bajo siete llaves en los armarios de una casa. No ama sino lo que se conoce, y si lo que se conoce es insustancial y vacío, falto de interés, quizás se lo desprecie, como pasa con algunos textos que los niños están obligados a saberse de memoria, porque el maestro, inconsciente de su alta misión, así lo impone. Hacen falta libros, bellos libros, al alcance de los niños y de acuerdo con los gustos y tendencias de estos. Por eso es necesario crear las bibliotecas para niños.
En Francia toda escuela primarla elemental debe poseer una biblioteca y si falta el dinero para adquirir los libros, debe establecerse un sistema dé prestamos con las bibliotecas centrales, En Gran Bretaña, en los distritos Rurales, -se hace el préstamo de libros enviando estos por correo a las escuelas, y cada niño podrá tener al año para leerlos hasta veinticuatro libros seleccionados por el maestro. Los Estados Unidos de Norte América, país tachado muy a menudo por su mercantilismo, fue el creador de las bibliotecas infantiles, pues esta nación, no obstante su espíritu comercial, posee un hondo sentido de cuanto un hombre necesita para crecer espiritualmente y para hacerse útil socialmente. Es ese un aspecto espiritual del pragmatismo del pueblo norteamericano, que puede considerarse como el campeón de los protectores y estimuladores de la niñez.
Hoy las bibliotecas infantiles se encuentran repartidas en el mundo entero, con mayor o menor profusión en tal o cual país, y los niños que alientan una imaginación frondosa encuentran en los delicados volúmenes de esas bibliotecas el alimento que sus Inteligencias reclaman. En 'Venezuela apenas si los nuestros, con los escasos recursos de que disponen han iniciado la formación de pequeñas bibliotecas escolares, muy pobres, pues el Estado no contribuye con nada para tan importante servicio y los docentes se ven obligados a tomar de su sueldo de hambre lo que pueden aportar mensualmente para qué los niños lean# En el Distrito Federal, el Concejo Municipal dictó un acuerdo en el que creaba una biblioteca pedagógica, con tos salas, una para maestros y otra para niños, pero tal acuerdo no ha podido entrar en vigor, por cuestiones políticas intrascendentes y,
entre tanto nuestros niños esperan y seguirán esperando la bendición del libro, porque antes que política ha de prestarse protección y asistencia, También los maestros que asistieron en la primera Convención del Magisterio reunieron poco más de mil bolívares para una biblioteca infantil en Caracas, y el dinero, está depositado en un banco, porque los maestros no pueden costear los gastos de instalación y de atención de la biblioteca
Pensamos que esto fuera factible con la ayuda del Consejo Municipal, pero aún no ha sido posible. Los niños seguirán esperando has-ta tanto se abra paso comprensión de estas cosas tan pequeñas y tan necesarias.
En los países donde existe preocupación por las bibliotecas Infantiles éstas se encuentran instaladas, ya sea en edificios especiales o simplemente las grandes bibliotecas cobijan en su seno salas de lectura para niños. Por medio de éstas se estimula el gusto por la lectura, pues en ellas, desbordantes de sana alegría, irrumpen los escolares después de las horas de clase, en los días feriados, en las vacaciones, a satisfacer su sed de saber y sus ansias de poder espiritual.
Las bibliotecas infantiles son un poderoso medio de cultura para los niños pobres y podrían servir, como en algunos países, de,proveedoras de las bibliotecas escolares, generalmente desprovistas da material de lectura. Ella son un estímulo y contribuyen notablemente a la formación y desarrollo de la personalidad. Bajo su influjo el espíritu se unifica englobando la multiplicidad de los conocimientos para su aprovechamiento y mejor servicio, pues como observa Lombardo Radice: ”Sólo el joven que lee por sí y tiene la alegría de trabajar espiritualmente sin la consideración egoísta del fin escolar, está en condición de percibir, en los varios maestros un solo maestro; el maestro que es él mismo cuando en su alma se funden las diversas sugestiones de sus lecturas.
El niño acostumbrado a la lectura, familiarizado con los libros, adquiere cierto desenvolvimiento, y cuando llega la inevitable crisis de la .pubertad, cuando asedia la tristeza y el desencanto de la vida, cuando todo se obscurece para la mente atormentada de los adolescentes, la biblioteca será un aliciente, la lectura frenará los impulsos, animará el espíritu decaído y trepidante, preparará el paso del sueño infantil despreocupado a los ideales generosos del joven que organiza su vida y llena de sentido su existencia: contribuirá a la formación del ‘plan de -vida, que es un presupuesto para todo espíritu que progresa.
Pero si falta el libró, si nadie guía y prepara al adolescente, si no encuentra la idea elaborada que impulsa para los altos vuelos, desgraciadamente caerá en la procacidad negadora de todo ideal, se entregará en brazos del vicio, arrastrado por sus instintos sin frenos modeladores y sin canales conductores, Prevenir esta caída es un deber que no podemos rehuir y que vale la pena encontrarle una solución adecuada.
Podría preguntarse; ¿Cuáles son las obras que convienen en una biblioteca para niños? Un maestro anquilosado y libresco pediría geografías, aritméticas, historias, gramáticas, etc: los textos indispensables para llenar las condiciones de los programas. Pero nosotros exigimos eso y algo más, pues la obra de esas bibliotecas no deben estar inspiradas en ideas didácticas solamente, sino que es necesario dar entrada a un criterio estético y moral. El texto bueno y bien pensado tiene valor, pero siempre que se le complemente con otros libros, pues no hay libro verdaderamente digno de leerse que no sugiera Ideas ajenas a la materia particular de que trata. Por eso mucho, mas y mejor nos habla Doña Bárbara de la vida y costumbres del llanero e introduce certeramente al educando en nuestra geografía humana, que cualquier texto. "Las Lanzas Coloradas" enseñan Historia viva de Venezuela, como no es posible que logre hacerlo libro alguno de historia nacional. "Geografía Espiritual", con su estilo sencillo y emocionado, en mano de los escolares hace vivir a éstos la Venezuela provinciana recogida en la soledad de las montañas y en sus ciudades tendidas a lo largo de la costa, tan llenas de rumores y reberberantes de sol, con alegría más pura y comprensión más delicada que los textos fríos e insípidos que establecen límites y cuentan hombres enclavados en kilómetros cuadrados de superficie.
Cuando la lectura es variada, la función del espíritu es entonces buscar esos varios elementos dispersos aquí y allá, tomados de éstas y aquellas lecturas para coordinarlos y aplicarlos a los fines prácticos de la vida. Desconfiamos de los textos usados aisladamente porque ellos son lastre para las iniciativas. El conocimiento suministrado por los manuales escolares debe ser revalorizado y si es posible RECREADO (creado de nuevo), por la comprobación y elaboración del alumno que compara a cada paso lo aprendido hoy con lo leído ayer, para hacer un balance de su saber. Porque ha de saberse que la función de la escuela es algo mas que una mecánica práctica de desanalfabetlzacion. De nada vale enseñar a leer las palabras si no se enseña a penetrar el hondo significado de ellas, en su espíritu; si no se aprende a desentrañar el pensamiento contenido en los libros, comparando y comprobando. La escuela debe crear una aptitud para el pensamiento y la meditación, y si no lo hace no cumple su misión trascendental, y los individuos seguirán tan analfabetos como antes; analfabetos intelectuales, fáciles presas para el engaño y la mentira de tinterillos ganapanes y para la explotación servil de los caballeros de industria. El libro que invita a meditar, el que plantea problemas de vida cuya solución es imperiosa, es un ejercicio estimulante, evita la mecanización y levanta el espíritu.
Las obras para las bibliotecas infantiles no deben ser, pues, meros textos, sino libros escritos con claridad, sencillez y naturalidad. Obras inspiradas en ideas educativas, pero guiadas por un criterio estético, para que toquen la sensibilidad y la inteligencia infantiles y las abran de par en par a la comprensión de la belleza y del bien. Tampoco se requieren meras obras fantásticas, sino más bien llenas de posibilidades y realidad, donde intervengan los hombres; la historia de niños; las aventuras y viajes; breves libros de descripciones de la naturaleza; cuentos dedicados que no contengan ideas terroríficas que fomenten el miedo, ni combates fantásticos donde triunfe el vicio de la virtud. No es esta la oportunidad de dar una lista de libros para las bibliotecas infantiles, pero habremos de decir que no se requieren cantidad sino calidad; que los maestros, guiados-por un plan de educación integral, deberán dirigir y estimular la lectura, pues si esta se hace desordenadamente y sin método alguno liega a ser infructuosa.
Para la formación de las bibliotecas infantiles no se precisan grandes gastos. La maestra argentina, Mercedes D, Ahondo, en un notable artículo titulado "La enseñanza primaria y el amor al libro" da las normas seguidas por ella para la formación de una biblioteca escolar. Expresa que, después de estimular los sentimientos de cooperación de sus alumnas en la clase de moral, las induce a la formación de la biblioteca. “Para construirla cada alumno aportará los libros que pueda, en calidad de préstamo hasta fines del año, y en cambio utilizará los de sus compañeros. Así, en vez de leer los que posee tan sólo, sin gasto alguno, conocerá las treinta o cuarenta obritas que lleguen a reunirse: COOPERATIVISMO PRÁCTICO. En cuanto a los alumnos que no pueden contribuir con ningún tomo, tienen igual derecho sobre la biblioteca, demás está decirlo.” Luego se extiende en detalles sobre la administración y cuidado de la biblioteca.
Es ésta, sin duda, una sencilla manera de formar una biblioteca temporal; pero todavía resultaría mejor pedir a los padres pudientes, a las madres acomodadas, que envien a las escuelas ciertas obras para los hijos de los que no pueden comprar libros. Y, siguiendo una sugestión de Gabriela mistral, no debe dejarse a la elección de los donantes la facultad de elegir una obra cualquiera, sino que es necesario insinuar una lista de aquellas obras que la biblioteca necesita, porque de lo contrario se corre el peligro de que se hacinen en la biblioteca tomos que nadie lee o que es necesario retirar por impropios para la acción educativa que se persigue.
Conviene hacer una campaña para la creación de bibliotecas infantiles, precisamente ahora, cuando se están creando salones de lectura y bibliotecas para los adultos, olvidándose del niño, condenado siempre a quedar fuera de toda noble labor cultural.
Los periódicos, que en todos los países se hacen eco de las ideas levantadas, podrían laborar mucho y efectivamente en la creación de bibliotecas para niños, no sólo haciendo propaganda y publicando artículos, sino materialmente. ¿Cómo? Publicando folletines de obras seleccionadas de literatura infantil, apartando luego ese material para hacer grandes tiradas de libros, que se venderían a precios muy módicos, al alcance de los niños y se regalarían a algunas escuelas. Así se realizaría una verdadera labor de periodismo.
Otra alternativa que contribuirá a la buena lectura y a la creación de esas bibliotecas de que hablamos y, en general, a toda clase de bibliotecas, es la celebración del día del libro, que en mucho países sirva para despertar el amor por la lectura. En ese día se inaugurarán exposiciones de libros venezolanos y extranjeros, se publicarán listas de aquellas obras cuya lectura sea indispensable para la formación cultural; en periódicos y en hojas sueltas se explicaría el significado y valor de los libros; se estimulará a los padres a regalar a sus hijos algunas obras, y a los escritores, libreros y editores a donar algunos tomos y a rebajar por ese día los precios de venta. En esa oportunidad podrán también realizarse en las escuelas y asociaciones de fines culturales, actos públicos de lecturas selectas; se organizarán certámenes y premios par alas mejores obras y para los maestros y directores de escuela que organicen y sostengan la mejor biblioteca y con mayor número de lectores, y, en fin, una infinidad de sugestiones que en un día destinado al libro harán propicio el conocimiento de éste.
Pero hay que decirlo de nuevo, por sobre todo, contribuirá a fomentar la lectura el trabajo lento y progresivo del maestro y de la prensa, y la vitalización de las bibliotecas, que deben ser, no museos en donde se amontonen libros que se apolillan en los estantes, sino hervideros de ideas, instituciones vivas al servicio de la cultura.
De la escuela es de donde debe esperarse más. La mayor obligación en esta campaña corresponde al maestro, que teniendo en cuenta, más que las materias de enseñanza, la personalidad de sus alumnos, no forzará a estos a fastidiarse, aprendiendo de memoria textos insulsos y que les lleven a tomarle horror a los libros, sino, que haciendo uso inteligente de ellos manuales escolares, despertará cariño por las buenas obras. De la escuela el libro penetrará en el hogar, y, por medio de él y de los hijos, los padres sufrirán las influencias del maestro.
Los antiguos alumnos, hábilmente atraídos, seguirán bajo la beneficiosa acción de la escuela y, de tarde en tarde, en los días de fiesta, se acercarán a ella a buscar en los libros de su biblioteca estímulos y enseñanzas, a pedir al maestro recomendaciones de buenas lecturas o a llevar el aporte de nuevas obras en recuerdo de las horas sosegadas que vivieron en el aula, bajo el vigilante espíritu del maestro que les hizo conocer los tesoros de la lectura que alienta y sostiene generosos ideales.
Una intensa campaña cultural librada así cambiará el concepto de los que piensan que nuestros niños y nuestros jóvenes no leen por pereza.
”AHORA” , Caracas, Venezuela, Agosto 25, 1938.

















