Proyecto

ARCHIVO MAESTRO PRIETO

Plataforma Digital

Proyecto institucional financiado por el MPPE 

 

 

  • Origen: Biblioteca Nacional, Libros Raros, Archivo LBPF
  • Anaquel: 1
  • Tramo: 1
  • Caja: 1
  • Carpeta: 15
  • Autor: Luis Beltrán Prieto
  • Lugar: Caracas
  • Año: 1936
  • Síntesis: El texto analiza el problema del trabajo infantil en el contexto de la modernización e industrialización, denunciando la explotación de los niños como una forma de esclavitud moderna que atenta contra su desarrollo físico, moral y social. Por ello, el autor sostiene que el Estado y la sociedad deben proteger a los niños mediante leyes efectivas y políticas de bienestar. Critica la ineficacia de las leyes laborales y propone una supervisión estatal rigurosa. Asimismo, aborda las profesiones callejeras, advirtiendo sobre los riesgos morales y sociales que implican, como la delincuencia y la corrupción infantil. En cuanto al trabajo rural, denuncia que muchos niños abandonan la escuela durante la cosecha para trabajar, lo cual agrava la pobreza y retrasa el desarrollo educativo del campo. Propone fortalecer la educación rural con escuelas que enseñen tanto conocimientos básicos como técnicas agrícolas y valores sociales. Finalmente, concluye que la erradicación del trabajo infantil requiere una acción conjunta del Estado, la familia y la sociedad.

MINISTERIO DE EDUCACIÓN PÚBLICA

MISIÓN DE ASISTENCIA TÉCNICA DE LA UNESCO

REPÚBLICA DE COSTA RICA

Trabajo de los menores1

Luis B. Prieto F.

Caracas

La vida moderna con sus complicaciones económicas, la inmoderada utilización de la máquina, no para fomentar y acrecentar el progreso, ni pata felicidad de los hombres, sino para esclavizar y explotar a estos, ha dado lugar a un nuevo delito: el sometimiento brutal de los menores al rigor destructor del trabajo. Así vemos pasar ante nuestros ojos semi-hombres pálidos y enflaquecidos, agotados prematuramente y con una visión tétrica de la vida. Con una maldición en los labios para los hombres inhumanos que los arrancaron de sus amables diversiones infantiles para entregarlos despiadados a los ajetreos del taller o el destructor contacto de la máquina. Se destruyen en beneficio de intereses bastardos, el porvenir de la nación, la humanidad futura, donde han de cuajar como fruto de regeneración las ideas de justicia en que se agita el mundo, que harán posible la existencia del derecho en medio de la solidaridad de los hombres. Por eso, de todas partes el clamor se alza: tocados los espíritus generoso por esta nueva calamidad, han hecho oír su voz y ya no hay Conferencia Internacional, ni Congreso donde la preocupación social tenga asiento, en el cual el trabajo prematura de los niños no sea discutido y tratado; en todos los países, pese a la cerrada incomprensión de los que ni miran más allá de su inmediato interés, la legislaciones han hecho puesto a la interesante cuestión de la salvaguardia de los menores, prohibiendo y entrabando la utilización de éstos en el trabajo, porque, si es monstruosa la explotación del hombre por el hombre, es más monstruosa aún la explotación del niño por el hombre.

Cada una de las etapas del desenvolvimiento del niño tiene características propias, con virtualidades esenciales para el normal crecimiento del espíritu y para la integración de la personalidad. No es posible, entonces, cambiar esas características funcionales de las edades de la vida, desvirtuando su significación biosocial. Cuidar al niño impidiendo que se entregue prematuramente, como una mercancía sin importancia, al primer postor ansioso de aumentar el rendimiento de su fábrica con asalariados dóciles y baratos, es un deber humanitario. En ello va envuelta la salud de la Patria, y la propia condición de los trabajadores adultos, que con tal práctica verían rebajado su salario. Es un ineludible deber entre nosotros, donde la población crece lentamente y en condiciones poco ventajosas para la lucha que la vida social requiere. En un país como el nuestro, donde la edad media de vida no alcanza los cincuenta años, la entrega prematura de lo niños al trabajo disminuirá aún más esa media, ya que esa utilización , desgastando la vitalidad, predispone los organismos y los hace vulnerables ante los morbos ambientales de nuestro medio. Urge colocar al niño en el sitio al que tiene derecho, haciéndole disfrutar e todos aquellos goces que su condición biológica reclama; que viva la alegría rebosante de sus años, que juegue y sueñe fortaleciendo su espíritu para las terribles competencias a que habrá de someterlo la vida. Ya será tiempo para el sufrimiento y el trabajo; pero entretanto crece y se desarrolla sano, no compliquemos su existencia con una injusticia más.

Bien está que en este Primer Congreso de los Trabajadores venezolanos, figure en el Programa el trabajo de los menores. Ya la Primera Convención Nacional del Magisterio Venezolano voto un acuerdo sobre tan importante tópico social. El Maestro, tan cercano a los dolores del pueblo, tan compenetrado de las angustias de la Patria no podía dejar de lado una cuestión como ésta, y así su palabra serena, llena de humana comprensión dijo a Venezuela, cómo es honda la preocupación de sus maestros por todo cuanto signifique mejoramiento social y protección de los interés humanos de nuestro pueblo. Los maestros mercaron la agenda, que ahora loa trabajadores caminan seguros. Pica abierta para la conquista del futuro, iluminada por el ideal de los maestros, que habrán de ser siempre la avanzada del progreso y los defensores de la justicia.

El trabajo prematuro de los niños y de loa Jóvenes hasta ahora no había despertado una inquietud entre nosotros. Teníamos desde 1928 una ley que prohibía el trabajo de los menores de 14 años; ley de papel que no llegó a aplicarse nunca, ya que los primeros en violarla eran los encargados de hacerla cumplir. Ahora, el Congreso de 1936ha sancionado la nueva legislación obrera, en la cual hay un capítulo especial dedicado al trabajo de los menores. Pero hoy, las disposiciones de esa ley, como las de la anterior, no han sido aplicadas, porque hace falta un organismo de control inmediato, que se ocupe exclusivamente de vigilar cuanto se refiere al trabajo de los menores. Una oficina destinada a vigilar exclusivamente el cumplimiento de la ley en ese sentido y a estudiar las condiciones en que el trabajo de los menores se realiza, las consecuencias que produce, para fijar de manera definitiva el límite de edades y la clase de ocupaciones convenientes a la constitución del menor.

Ee necesario crear una corriente de opiniones favorables a la protección del niño. El propio trabajador está en ello interesado. Éste debe darse cuenta, que entregar a sus hijos al trabajo prematuro so pretexto de aumentar su salario con el escaso rendimiento que trae el menor a la casa, es una Ilusión que se desvanece rápidamente, ya que comprometiendo más brazos en la industria, los salarlos disminuyen, además de que priva al menor del tiempo necesario para educares técnicamente, impidiéndole hacerse apto rara rendir utilidades mayores en momento en que el padre, agotado por el trabajo, no puede asistir a la fábrica.

La energía del menor comprometido prematuramente lo inhabilita para el trabajo mismo (…) antes de tiempo. (resto de párrafo ilegible)

Como se comprenderá, no es esta la época más propicia para que los muchachos se entreguen al trabajo (…) de la fábrica o del taller, y, sin embargo, es entonces cuando son reclutados para llenar los puestos que pudieran estar ocupados por adultos, a quienes ellos desplazan a cambio de un salario irrisorio, entrando en competencia, en esta lonja del trabajo donde ek esfuerzo es mercancía y los hombres son rodajas de un mecanismo de explotación inhumano.

Estas razones de orden fisiológico e higiénico, de protección a la raza y la nacionalidad, quizás pudieran desmentirlas los que, por encima de los intereses de la humanidad, tienen puesto sus propio intereses, pero los trabajadores, los padres de familia, los maestros, estamos interesados en que Venezuela sea un país de hombres sanos y robustos, y por ello nos opondremos con toda la energía de que somos capaces a la prematura entrada de los niños al trabajo.

El artículo 70 de la ley de trabajo vigente prohíbe de manera absoluta el trabajo de los menores de uno y otro sexo en las empresas, explotaciones y establecimientos industriales, comerciales y mineros.

La enunciación limitativa parece indicar que los menores pudieran ser empleados en otros trabajos, aún cuando ellos fueran destructores de la vitalidad y aún cuando comprometieran su salud y su vida. Pero interpretar así la ley es un absurdo. Si se prohíbe el trabo de los menores es porque es perjudicial para la salud, para su desarrollo, y cualquiera que él sea debe estar entredicho y los niños protegidos, importando poco la condición y forma en que ese trabajo se realice. Muchas veces no es el trabajo de la fábrica el que ejecuta el niño, sino la ruda y penosa labor a domicilio, donde padres desheredados hacen trabajar a sus hijos por ocho y más horas, con pésima alimentación, privándoles de los beneficios de la escuela. No es que el niño no deba realizar labor alguna, porque para su misma educación y entrenamiento social ha de ejercitarse en cietro trabajo. Pero trabajo medido y en condiciones que no impliquen fatiga. El trabajo escolar, ameno y educativo, es un gran entretenimiento, siempre que éste corresponda a alguna de las formas sociales de ocupación habitual de la colectividad a la cual sirve la escuela. De otra manera, será una actividad de lujo y sin sentido social creador.

La acción tutelar de la Ley debe ir hasta los hogares para reglamentar el trabajo a domicilio, estableciendo normas reguladoras del empleo de los hijos. El niño debe ser protegido ante todo y por sobre toda otra consideración; el derecho a crecer normalmente,' el de jugar alegremente, son derechos sagrados de loa niños. Sí los padres para sostenerse requieren el trabajo de loa niños menores, que el Estado proteja a las familias sin recursos, pero que no sacrifique la salud ni la alegría de los niños.

No es solamente la edad misma para entrar de lleno al trabajo lo que la ley debe reglar respecto de los menores. De éstos, muchos que han cumplido 14 años, por la fuerte trepidación fisiológica y psicológica de su organismo en los trastornos de la pubertad, quedan imposibilitados para entregarse a una labor dura do trabajo sistematizado de fábrica, taller o industria; otros, han sentido desarrollarse en eu organismo morbos hereditarios, o por el debilitamiento que la pubertad produce, adquieren del medio que los circunda enfermedades inhabilitantes para el trabajo, enfermedades que no obstante pudieran permanecer ocultas a la simple vista. Por eso es necesario que la ley establezca, sistemáticamente controlado por un organismo especial, el examen médico obligatorio de los menores, que, cumplida la edad reglamentarla, han de dedicarse al trabajo.

Esta protección es indispensable, tanto más en Venezuela, donde el medio infectante y las condiciones de vida exponen a los menores a constantes enfermedades; así se reducirán las muertes prematuras, los acáldente» de trabajo, el rendimiento de la labor será mayor y ganará la raza en «alud y en vida para la integración de una patria grande y fuerte que circule a raudales en la sangre rica de sus trabajadores.



Perjuicios morales del trabajo prematuro.

El trabajo prematuro, además de las deformaciones corporales, de las enfermedades que acarrea y de la disminución de la capacidad de los menores, causa terribles efectos en el espíritu de los niños, desde el punto de vista de la moralidad. El solo hecho de ganar un salarlo crea en el muchacho cierto libertinaje y como en tan corta edad, el Instinto sexual apunta impetuoso, hombrea y se corrompe, ya que la promiscuidad en el trabajo con toda clase de personas le ha enseñado cosas que ignorarla si hubiera vivido al rescoldo del hogar y frecuentando la escuela. El prostíbulo y la taberna son los sitios a donde encaminará sus pasos el menor entregado prematuramente al trabajo, sin control de sus fuerzas y abandonado a su propio destino.



Las profesiones callejeras.

Las profesiones callejeras de los menores contribuyen de manera notable al desmejoramiento de la condición moral de es­tos. El azar, la imprevisión y ese ir y venir, que estimula el vagabundaje y abre caminos a la Imaginación de los muchachos prepúberes, es lo que da preferencia a esta clase de ocupaciones para los menores; porque en realidad ellas se avienen más con su psicología que el trabajo sistemático y monótono de la fábrica; pero también daña irreparablemente su espíritu con tarasmorales, difíciles de curar, pues este muchacho que se acostumbró a esa vida de aventura, se incapacita para el trabajo serio, corrompido como está por el vagabundaje y por el vicio.

Cuando el artículo 74 de la Ley de Trabajo establece que se prohíbe emplear menores hábiles para el trabajo en empresas que puedan perjudicar su moralidad y sus buenas costumbres y en detalles de licores, esta disposición interpretada extensivamente, violando las disposiciones de la ley de Instrucción obligatoria, nos cierran el paso, en ejército compacto en todas las poblaciones de Venezuela, en edad que oscila desde los seis hasta los catorce y más años: lustradores de calzado, vendedores de periódicos, de billetes de lotería, dulces y cualesquiera otras mercancías livianas, que ofrecen a todo el mundo con agilidad de ardilla, desde que amanece hasta muy entrada la noche. Pudiera decirme que estos niños vivan hasta hoy al margen protector de la ley, fuera de la acción tutelar del Estado, ya que nada se hace para remediar esa condición anormal y de desmejoramiento social, no obstante que los maestros pidieron en la Convención, que para impedir la vagancia y el trabajo de los menores en esas ocupaciones callejeras se tomaran medidas protectoras, creando los establecimientos adecuados para prestar asistencia y protección a lo niños abandonados. Nada se ha hecho, a no ser el Decreto de un Preventorio para menores que no funciona todavía. Es de esperar que en el próximo año se elabore una ley de protección de los menores que haga imposible este doloroso espectáculo que presentan lo» niños, que a paso agigantado marchan hacia la delincuencia precoz y las niñas, ­hijas de proletario, colocadas pera el servicio, explotadas y maltratadas, futura carne de prostíbulo, que conocen el dolor y la miseria aún antes de que en sus labios se apague la sonrisa encantada de la infancia. Se hace Indispensable constituir, como pidieron los maestros, Comités Protectores de la Infancia en cada localidad, para impedir que sean explotados despiadadamente los niños, sometiéndoles a trabajos rudos y en condiciones anormales, Comités que se ocuparan además de proporcionar a los menores saludable alegría y sana recreación, iniciando una campaña para la creación de colonia de vacaciones para los menores que trabajan. Corresponde a los trabajadores la mayor parte en esta labor de reivindicación y de protección social, y de su pujante esfuerzo en pro de los niños dependerá en gran parte el triunfo del obrero en nuestro país. Esfuerzo tanto más Justificado el se considera que ésos que trabajan, son sus propios hijos, carne de su carne, donde al dolor florece en una perenne siembra de privaciones y de angustias. Hay que proteger al obrero futuro, para que su condición menos dura haga posible el florecimiento de la justicia social.

 

Trabajo campesino y escuela rural.

Estamos en plena cosecha. Lo cafetales se descuajan bajo el peso de las hojas amarillas. Hay ajetreo en las hacienda; bajo la frente umbrosa suenan cantarínas voces; la trepidante e imperativa palabra del capataz ordena, y sobre las cabezas de mujeres, sobre hombros de niños y adolescentes, van y vienen las cestas repletas del aromoso grano. La escuela, la pobre escuela del poblado, se ha quedado sola, sus niños se han mar­chado por el trabajo despiadado, violando la ley de enseñanza obligatoria, contraviniendo los preceptos de la ley del trabajo. La miseria angustiosa de muestra gente campesina obliga a esta entrega prematura de los niños, que por un real o menos, en una faena dolorosa y larga de todo un día, tras intermina­bles semanas, queman las energías que debían ser (...) para la integración futura de la Patria, para la explotación provechosa de nuestra riqueza. ­

Es doloroso ver a estos pobres seres semi desnudos, descalzos, bajo el peso abrumador del cesto, llagadas las espaldas, sometidos al rigor inclemente del sol, expuestos a todas las enfermedades de nuestro medio: anquilostomiasis, paludismo, etc., sobrellevando la rudeza inhumana del patrón, que por un mendrugo miserable, desafiándolo todo, contraviniendo todo principio humanitario y de Justicia social, adquiere el derecho de maltratar, para lograr de un esfuerzo despiadado una disminución de sus gastos, un aumento de sus entradas, aún cuando todo esto arruina las vidas que el porvenir reclama sean conservadas intactas.

¡Hasta cuándo se repetirá en Venezuela este doloroso espectáculo. Gasta cuándo la explotación inhumana del niño campesino!

Para probar cómo es destructora, esta labor, bastaría con hacer una simple Investigación estadística, que comprobaría inmediatamente, cómo a un ausentismo escolar en la ṕoca de cosecha, corresponde paralelamente una mayor mortalidad de menores, un mayor índice de infección de estos, pues entonces deja de actuar el maestro, salvaguardia y protección de la infancia, se abandona un medio más o menos sano para ponerse en contacto con un medio fuertemente infectado, sin recursos protectores, disminuidas las resistencias orgánicas a causa de la fatiga que en los menores se produce más rápidamente y se acumula progresivamente, cuando el trabajo sin descanso no da cabida al reposo, ni a la amable y sedante alegría del juego.

Este trabajo agotador, además, estanca el progreso de la Nación, sin permitir a los hombres una formación profesional eficiente que facilite la racional explotación agrícola y pecuaria de Venezuela. Por eso, en nuestro país, de una Intensa vida campesina, es necesario crear la verdadera escuela rural, donde el niño del campo vaya a aprender no sólo los elementos rudimentarios de la escritura y la lectura, sino a adquirir conocimientos que le capaciten para un mejor aprovechamiento del medio donde vive; escuelas prácticas de incorporación campesina a su propio medio y la verdadera educación rural, porque una educación es precisamente una capacitación para un mejor desempeño en la vida social, haciendo a los individuos aptos para rendir mayores beneficios a la colectividad. La escuela ha de enseñar la mejor forma de trabajo rural, y en sus parques, corrales y Jardines ha de orientar las labores de los niños campesinos con un sentido de utilidad social.

La escuela para nuestros niños campesinos ha de ser una escuela de vida y de trabajo, creadora de responsabilidades, animadora de ideales y que vincule definitivamente el campesino a su tierra labrantía, impidiendo la emigración hacia las ciudades.

Pero también esta escuela ha de ser salvaguarda de la infancia contra la explotación, cualquiera que sea el que la realice. Educadora de los padres, del campesinado todo, dignificadora de la vida. Escuela para elevar los espíritus hermanados solidariamente en el dolor y en la alegría, animados de ideales generosos de humanidad. Escuela de la Venezuela futura, donde lo» hijos de los trabajadores aprendan a ser hombres en la acepción integral de la palabra.



Conclusiones

  1. La explotación del niño por el hombre es una bárbara e inhumana práctica que realiza la industria moderna, sometiendo a trabajos prematuros a los menores. Pero que urge terminar con una acción conjunta de los obreros, del Estado y de todas las fuerzas humanas que trabajan por el triunfo de la Justicia social.

  2. La época de la prepubertad, en la cual se producen desajustes fisiológicos y psicológicos en el organismo del niño, requiere un tratamiento y un cuidado especial, en ella es peligroso el trabajo de los menores, por lo que se hace indispensable aumentar por lo menos hasta los dieciséis años de edad la inhabilitación absoluta de los menores para el trabajo industrial.

  3. El trabajo prematuro de los menores, desgasta la vitalidad física, predispone a las enfermedades, aniquila las fuerzas espirituales, disminuyendo la capacidad de los trabajadoras y predisponiendo para una muerte temprana. De los trabajadores que mueren jóvenes, de los que sufren accidentes de trabajo o incapacltaclón para este, un elevado porcentaje se ha iniciado prematuramente en el trabajo.

  4. Para controlar y vigilar 1a ocupación de los menores, para estudiar las condiciones en que se realiza ésta, los perjuicios que produce en el organismo de los menores, es necesario crear una oficina técnica especial con personal idóneo, con médicos y practicantes suficientes para toda la República. Esta Oficina podría funcionar adjunta a la Oficina Nacional del Trabajo.

  5. Cuando no se trate del trabajo educativo escolar, o del de iniciación técnica de las ocupaciones domésticas o campesinas que no requieren esfuerzos agotadores, el trabajo de los menores ha de ser prohibido absolutamente.

  6. La acción tutelar de la ley del Estado ha de extenderse hasta los hogares para reglamentar el trabajo a domicilio, estableciendo normas que impidan la explotación de los hijos y de los menores en general, porque la explotación no ce monos odiosa porque le realicen los padres.

  7. Para impedir que la miseria obligue a los padres a entregar prematuramente sus hijos al trabajo, el Estado debe proteger las familias pobres procurando colocación preferentemente a los obreros con hijos y estableciendo una prima sobre el salario, de acuerdo con el número le personas que hayan de sostener.

  8. La protección de la Ley respecto de los niños no debe ceñirse solamente a prohibir el trabajo de los menores de catorce años, sino que debe imponer como obligatorio el examen médico de todo menor hábil para el trabajo, requisito sin el cual ningún patrono podrá emplear a un menor.

  9. El trabajo prematuro de los niños tiene consecuencias no sólo fisiológicas sino morales también, pues el salario del niño favorece el libertinaje, predispone al vagabundaje, a la prostitución y a la embriaguez.

  10. Los vendedores de periódicos, de billetes de lotería, lustradores de calzado, pequeños mendigos, los pequeños vendedores ambulantes, en edad que oscila entre los siete y los dieciocho años, están expuestos a todos los peligros desmoralizadores de la calle. Adquieren taras morales imposibles de desarraigar luego, por lo que se hace indispensable prohibir a los menores esas Industrias callejeras y crear establecimientos especiales para prestar asistencia y educación a los niños abandonados y para reeducar a los pequeños vagabundo.

  11. Para protección de los niños y para impedir que estos sean sometidos prematuramente al trabajo rudo, se hace indispensable crear en todas las localidades centros protectores de la infancia, encargados además de proporcionar toda alegría a los niños y de ampliar medios para el establecimiento de las colonias de vacaciones para los menores que trabajan.

  12. En la época de cosecha los menores abandonan las escuelas para ir a presta servicio en as haciendas por una paga irrisoria, en una trabajo rudo y agotador, expuestos a las infecciones y en condiciones verdaderamente deplorables. Hay una intervención enérgica del Estado y una campaña de todos los trabajadores, de todas las personas honradas para poner coto a estos abusos que comprometen la vitalidad de la raza y el porvenir de la Nación.

  13. Para capacitar eficientemente a nuestros niños campesinos enseñándole la mejor forma de explotación de nuestras riquezas, el aprovechamiento de las energías del trabajo, luchando contra la rutina, es de urgente necesidad crear la verdadera escuela rural venezolana, tanto más necesaria si se considera que somos un país enteramente agrícola y pequeño. Una escuela rural de vida y de trabajo, animadora de ideales y con una finalidad social trascendente.


Boletín del Instituto Internacional Americano. Romo XI, No. 1, 1ro. De julio de 1937. Montevideo, Uruguay.

1Tesis aprobada por el Primer Congreso Venezolano de Trabajadores. (a mano, Tierra Firme de 1936)

Luis Beltrán Prieto Figueroa<br />El Estado Docente
Luis Beltrán Prieto Figueroa
El Estado Docente

Nuestra educación, por imperativos sociales debe ser progresiva, entendido el término en el sentido de una educación para la formación del hombre integral en su postura de miembro de una comunidad, del ciudadano libre y responsable con el desarrollo económico social, capaz de influir en una mejor y más grande producción, no para aprovechamiento de unos pocos sino para mayor beneficio social. La formación del productor hábil y del consumidor previsivo es objeto de la educación en los pueblos sobre el camino del desarrollo. En esa forma la educación sirve a los fines del mejoramiento individual y social. 

Iconografía histórica
Luis Beltrán Prieto Figueroa
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En el Litoral Central
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En una clase magistral
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Sin descripción
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Y Cacilia de Prieto
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Luis Beltrán Prieto Figueroa
En una asamblea realizada en la CTV (frontal)
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Luis Beltrán Prieto Figueroa
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De una educación de castas a una educación de masas
De una educación de castas a una educación de masas

En trabajo anterior hicimos referencia a los artículos que en la Constitución Cubana y en la Constitución Venezolana establecen lo que se ha dado en lla-mar la “escuela unificada”, que no es otra cosa que la organización, armoniosa del sistema educativo, a fin de que sus ciclos y secciones se adapten al desenvolvimiento y necesidades de los educandos y a las exigencias y características de la Nación1. No obstante, este concepto técnico está cargado además de contenido social y político, que le viene de las luchas sostenidas en Europa para borrar las diferencias clasistas con que estuvo signada toda la educación en aquel continente. En efecto, allí se consideró la división de la educación en primaria, secundaria y superior, y dentro de estas divisiones varias clases de escuelas como expresión de cerrados conceptos clasistas, que fijaban una limitada educación primaria para la clase popular, educación media o secundaria  para la clase media y educación superior o universitaria para las clases llamadas altas de la sociedad. Los tres sistemas de educación, con finalidades diferentes y a veces contrapuestas, acentuaban el aislamiento que mantuvo alejadas a las clases sociales en lucha permanente: los de abajo por romper el cerco y los de arriba por estrecharlo aún más, para ensanchar o mantener sus privilegios. A este respecto el Comité Fleming, en informe elevado sobre “Public School” en Inglaterra afirmaba que: “Es imposible sostener el cargo hecho frecuentemente de que la “Public School” haya creado las diferencias sociales del siglo XIX.

El Estado Docente
El Estado Docente

AL MODO DEL FAMOSO ESCRITO de Marx y Engels, el Manifiesto Comunista, un fantasma recorre el país cada vez que se propone una Ley Orgánica de Educación: ¡el fantasma del Estado docente!

Para sostener lo anterior apenas si sea necesaria una revisión crítica de las polémicas, debates, enconadas oposiciones y movilizaciones de diverso signo ideológico y político que la tesis de la intervención del Estado en la educación ha provocado y aún hoy provoca: de un lado, los sectores identificados con el ensanchamiento de la democracia desde la educación de las mayorías con la responsable orientación, supervisión y financiamiento del Estado; de otro, aquellos que desde un descolorido liberalismo o una posición abiertamente conservadora, se le oponen tenazmente en defensa de intereses individuales y corporativos no ajenos a una concepción elitesca de la sociedad y a cuantiosos intereses económicos



Educación, Pueblo y Ciudadanía
Educación, Pueblo y Ciudadanía

Educación, pueblo y ciudadanía, en su tercera edición, forma parte de la extensa obra escrita por Guillermo Luque. Este libro, en particular, representa y retrata el difícil camino de la educación venezolana en el período histórico que abarca desde fines del siglo xix hasta la primera mitad del siglo xx.

Ese tiempo es expresión del vapuleado siglo xix venezolano, caracterizado por la inexistencia de paz social. Este estado de zozobra impactaría en todas las formas de relacionamiento social, incluyendo la escuela y a maestros y maestras y a escolares de todas las edades. Escudriñando en los archivos nacionales sobre el tema, encontramos de manera recurrente documentos sobre el cierre de las actividades académicas, que al cruzarlas con acontecimientos militares, revoluciones, montoneras, asonadas, etc., permiten su interpretación y explicación y ayuda a completar el rompecabezas social y político sobre el cual está la educación. Esa inestabilidad política que estremecerá al país durante más de un siglo, incluyendo la aparente paz gomecista, repercutirá necesaria e insoslayablemente en la educación como caja de resonancia, porque la educación forma parte de la estructura social y política.

Revista Pedagógica

La Revista Pedagógica fue creada como medio de divulgación de los agremiados en la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria (SVMIP) constituida un 15 de enero de 1932. Los más activos impulsores de la Revista Pedagógica fueron los maestros Luis Beltrán Prieto Figueroa, Miguel Suniaga, Alirio Arreaza, Luis Padrino, José Rafael Mena, Víctor Orozco, y las maestras Mireya Vanegas, Flor González, Elsa Acosta, Mercedes Fermín, miembros activos de la SVMIP.

El Maestro Poeta

Suponer que el Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa adquirió su condición de poeta en el momento que dio a conocer su obra primera titulada Mural de mi ciudad (1975), cuando había alcanzado los setenta y tres años de vida es una equivocación. Es suponer que en él, de pronto, se expresó una sensibilidad hasta entonces desconocida. No es así. En Prieto Figueroa hallamos a lo largo de su existencia una muy afirmada y fina sensibilidad por una cuestión tan...

Revista POLÍTICA

Creada por el Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, la revista POLÍTICA ratifica su condición de humanista preocupado por las ideas, por los problemas nacionales, como de aquellos propios de la América del Sur. Desde esta tribuna, Prieto Figueroa se afirma como un curioso y preocupado observador, no en condición de diletante, sino como hombre de acción política, que se propone conocer para actuar sobre las realidades que se discutieron en sus páginas.